viernes, 31 de julio de 2009

el DEMÓCRATA Asimetrías Fausto Fernández Ponte

el DEMÓCRATA. Asimetrías

¿Desenlaces Inevitables?

Por Fausto Fernández Ponte


“El gobierno panista rehúye asumirse como gobierno”.
José Blanco.

I
Cada día, desde el primero de diciembre de 2006, ocho mil 200 mexicanos trasponen el umbral de la pobreza y se instalan en ella, contrario a su albedrío, forzadamente. A resultas, a la data de hoy el total es de unos seis millones aproximadamente.

El cálculo es dramáticamente espectacular por sí mismo, consignado en reciente pesquisa y estudio del Centro de Estudios de Finanzas Públicas, intitulado “La evolución de los precios de la canasta básica y su impacto en salarios y empleo”.

Tan sólo en lo que va del año, los precios de los alimentos han aumentado ¡135 por ciento! por encima de la inflación, lo que significa que si ésta, que es de casi el 6 por ciento, se suma a aquél incremento, el total es de casi 141 por ciento. ¡Qué terrible!

Esa cifra define también, por añadidura, lo que está ocurriendo en México: la desintegración del tejido socioeconómico y del andamiaje político-cultural de un país cuyo recurso natural más importante y estratégico, el humano, sufre desperdicio avieso.

Ese desperdicio antójase criminal, por antisocietal, si lo definimos como secuela de la comisión impune y cínica de delitos inequívocamente tipificados y moral y éticamente definidos en el marco filosófico, ideológico y político de la historia de México.

Es más, pudiérese decir sin incurrir en hipérbole que desde los paradigmas, parámetros y axiomas y hasta la pedagogía de la economía política y la teoría económica del capitalismo neoliberal prevaleciente aquí, es una aberración colosal.

Esos seis millones de nuevos pobres se han sumado a muchos otros millones de connacionales que antes de la fecha estaban ya insertos en un estado de pobreza histórico en gradación variopinta –que abarca la miseria— y viven en tal degradación.

II
Esa degradación equivale a un cautiverio con dialéctica propia. Los pobres de reciente cuño calderonista y los pobres constituidos durante los sexenios de Vicente Fox y su predecesor Ernesto Zedillo conjúntase con los pobres históricos de México.

Estos últimos son los de siempre, producidos por las formas de organización económica desde 1946, en el alemanismo coincidente con la fundación vera del Partido Revolucionario Institucional y, luego, en 1982, tras cambiar de piel, el neoliberalismo.

El neoliberalismo fue abrazado unilateralmente en ese año, sin consulta con la ciudadanía y ante el entusiasmo de la oligarquía de ese entonces, mutando por fiat presidencial una economía laxamente considerada mixta por la actual, la salvaje.

Hace 27 años, el Presidente de la República –Miguel de la Madrid, de tristísima memoria y humillante servilismo ante el maximato político del salinismo que se vive en México--, se gestó ésta fase ocurrente, muy aguda, de la debacle de hoy.

La debacle es sufrida por todos los mexicanos, en particular 1) los depauperados históricos, 2) los devenidos de los sexenios zedillista y foxista, y 3) los recién arribados a tal situación por la cortedad de miras y brevedad intelectual de Felipe Calderón.

Ese denso conglomerado de mexicanos sumarían, según el maquillaje gubernamental, unos 60 millones de personas, pero cifras más confiables (como las exhibidas por Julio Boltvinik) acusam verismo: unos 80 millones viven en pobreza.

¿Qué nos indica ello? Mucho. No se requiere de conocimientos académicos, sino únicamente elementales, para discernir la magnitud y atributos monstruosos de ese hecho insoslayable: La cifra mueve a espeluzno. Es, por sí, un vector de terror.

III

Terror económico, cuya naturaleza yacente no es ajena al político. En un país como México, de unos 107 millones (110, según la prospectiva) de habitantes, en donde 80 millonee de éstos viven en pobreza y en miseria, el potencial de inestabilidad es enorme.

Toda inestabilidad tiene fuerzas internas que interactúan –en lo que es una de las definiciones de la dialéctica-- y su tránsito a la ingobernabilidad es, si desatendida, casi simultánea. Inestabilidad e ingobernabilidad se entreveran y traslapan.

Y ya estamos en la ingobernabilidad plena, imparable, en ruta hacia un destino de desintegración del poder político del Estado mexicano y, por contagio, de éste mismo. La pobreza es un indicador de tal desintegración; la ingobernabilidad, otro.

En México ejercen poderes fácticos los siguientes:

Uno, las las organizaciones dedicadas al tráfico ilícito de estupefacientes y sustancias psicotrópicas, que incluso realizan obra pública y proveen sociales, tal como lo denunció una funcionaria del gobierno del Estado de Veracruz, Nohemí Quirasco.

Otro, el que se representa en el maximato político-económico del exPresidente Carlos Salinas, cuya influencia trasciende los confines del PRI y se advierte en los de los partidos (de) Acción Nacional y de la Revolución Democrática y otras facciones.

Y un tercero, el que se configura con el llamado Gobierno Legítimo de México, que preside Andrés Manuel López Obrador , sustentado sobre una base documentada, debidamente afiliada, de millones de militantes del Movimiento de Resistencia Civil.

Otro más, los gobernadores de algunos Estados que, sin adhesión de ninguna especie ni clase al titular del Pacto Federal --el señor Calderón-- son sátrapas feudales y de horca y cuchillo, en alianza tácita o actual con los cárteles del “narcotráfico”.

Uno más: el zapatismo indígena y sus variantes en Chiapas y algunos de los 31 Estados Unidos Mexicanos, en donde existen municipios autónomos –juntas de buen gobierno o “caracoles”—que instrumentan valores de una democracia verdadera.

Otro adicional: la violencia generalizada en el país, a la cual se suma su propia atmósfera y cultura; una y otra pernean la dermis societal y produce condiciones propicias para desenlaces de caos. Ello anticipa desenlaces predecibles:

Por un lado, el establecimiento de una megadictadura militar sin precedente en la historia de México.

Por otro, la radicalización de las fuerzas de la oposición política real, ajena a los partidos políticos, de raíz social cuasi revolucionaria.

Y un tercer lado, una combinación de ambas.

Mientras, la desintegración del poder político nos llevará a 2012 y más allá, en una vorágine de anarquía, vacío de poder formal y aumento del fáctico, golpes de Estado no castrenses, balcanización que tal vez despierte una conciencia revolucionaria general.
Glosario:
Boltvinik, Julio (1944-): economista por la UNAM, con doctorados en Inglaterra y México, académico y político. Autor de libros especializados en el tema de la pobreza: “Índice de progreso social” y “Pobreza y distribución del ingreso en México”. Inventor de metodologías científicas para medir la pobreza.
Fiat: decreto, orden indiscutible.


Asimetrías
Otro Síntoma Ominoso
Fausto Fernández Ponte

"México es el país de los jóvenes, pero ¿cómo será ese país si los jóvenes son las víctimas principales de la desintegración del Estado?Pedro Jesus Toledo.

I
La interrogante del caro leyente Toledo --quien informa leernos desde Chihuahua en Diario Libertad-- es conturbadora. Todos los mexicanos, tengamos conciencia de ello o no, padecemos las secuelas de la imparable desintegración del poder político del Estado mexicano que, eventualmente, causaría, a su vez, el desmoronamiento mismo de éste. Aclárese que por Estado entendemos al país entero y sus elementos constitutivos --el pueblo, el poder político, el territorio y, desde luego, la soberanía tan preciada hoy precarísima-- y no únicamente al andamiaje institucional burocrático de gobierno que posibilita ejercer la potestad de monopolizar legalmente la coacción y la coerción. La crisis deviene de ese proceso desintegrador iniciado hace casi tres dècadas, pero intensficado y acelerado no sin dramatismo en los sexenios del priísmo protopanista (el de Ernesto Zedillo) y el panismo propiamente de Vicente Fox y Felipe Calderón y afecta a todos los mexicanos, pero en particular a la infancia, adolenscencia y adultez joven. Cierto. El fenómeno de desintegración del poder político del Estado federal y, por consecuencia, de los 31 Estados federados y las crisis concomitantes, simultáneas y concurrentes se ha traducido en una erosión de expectativas generales en los mexicanos y, desde luego, en el adelgazamiento de la esperanza societal, sobre todo en la juventud. Esa juventud --no olvidemos que la media nacional es de 27 años de edad-- abarcaría, mediante el empleo de ciertos parámetros demográficos utilizados por el Instituto Nacional de Estadística, Geografía e Informática, a un grueso poblacional que va desde el primer día de nacido hasta los 40 años, que, según un añejo proverbio francés, es la vejez de la juventud. De la definición taxonómica de la juventud deviene el promedio aquí elucidado. Ese grueso poblacional es, como diría Rubén Darío, un divino tesoro. Un tesoro que, como también lo describió el gran poeta nicaragüense, se va para no volver. Es, pues, un activo perecedero y finito, aunque posee el atributo de la renovación. Recurso renovable.
II
Más para el caso del tema de la entrega de hoy, identifiquemos a los jóvenes con arreglo a otros paradigmas, aquellos que establecen que alguien es considerado joven a los 30 ó incluso a los de 35 años de edad. Por la media nacional disciérnese que éste es un país de jóvenes y ello lo sitúa como uno muy rico en el recurso más importante y, ergo, estratégico. Si bien ese recurso acusa esa peculiaridad de vital --es la garantía de la trascendencia demográfica, el futuro inmediato y mediato, de México-- el poder político del Estado federal y los 31 Estados federados ha desestimado, por los motivos que hubiesen sido, el desarrollo de dicho activo fundamental. Deficiencias de origen en el desarrollo humano. La consecuencia es dramática: el promedio de escolaridad de la población de México es el cuarto grado de educación primaria y del quinto grado en el conjunto demogràfico considerado joven. Por ello, en los jóvenes mexicanos no se advierte la existencia de contentamiento alguno, sino lo opuesto: hay resentimiento. Millones de jóvenes carecen tal vez de conciencia de las causales de ese resentimiento o, incluso, de que estén resentidos, pues su registro vivencial limitado por su misma edad, su escolaridad cercenada y el contexto general dentro del cual interactúan social y culturalmente, en lo anìmico y existencial y sólo asumen sus efectos: la estratificación y la enajenación. Atrapados por las garras afiladas de la estructura y las zarpas cortantes de la superestructura de la sociedad, la juventud mexicana tiene escasas vías de escape y espitas por las cuales liberar sus energías subsumidas por la estratificación económica, política, social y cultural y la enajenación existencial e incluso la frustración esperiencial. La estratificación le impide la movilidad social. La enanejación lo disocia del esfuerzo personal o colectivo --societal-- y lo induce a estados de ánimo colectivos escapistas, lo cual explicaría el creciente consumo de estupafeacientes y psicotrópicos, cuyo tráfico comercial es un quehacer altamente organizado y, culturalmente heroico.
III
Así, la juventud registra, discierne, identifica y asimila ese tráfico como una protesta al statu quo que lo oprime, sepa o no si esa es la causa real de su opresión. Sumarse al "narcotráfico" --como vendedor, sicario o lo que sea-- es por añadidura fontana de aventura, excitación, desafío, protesta, búsqueda y afirmación de identidad y de un "lugar" en el universo inmediato. Es posible que por esos motivo, la inmensa mayoría (un 90 por ciento) de los 60 mil y pico "narcos" que el Presidente de Facto Felipe Calderón presume haber encarcelado en los 30 meses que va de su sexenio esté conformada por jóvenes. Según estadísticas confiables, el promedio de edad de la población carcelaria es igual al nacional: 27 años. No sorprendería descubrir (o confirmar) que los sicarios de las organizaciones dedicadas al "narcotráfico" tienen, en promedio, esa misma edad, a lo que añadiríase otro componente importante, el de una media baja de escolaridad. Otros vectores aúnan a ese fenómeno aquì identificado: hogares fracturados de hecho, exaltación sistémica de valores antisociales, etcétera.
Los valores antisociales no sólo se fomentan en el hogar, fracturado o no (el 41 por ciento del total de familias tiene por cabeza a la mujer), sino también en la escuela y el ámbito socio-cultural y, acusadamente, en la escala emulativa, muy degradada, de los prohombres (y promujeres) del modelo economico, político y de la cultura. Ganar y prevalecer con trampa. A como dé lugar.
Por ello, para millones de jóvenes mexicanos los héroes a quienes emular son o imaginarios --síntoma de escapismo patológico virulento incluso-- o notorios por su s conductas o quehacer antisociales, abanderados de filosofías de violencia, de alevosías y ventajas --de agandalle-- o protagonistas de aventuras extremas y ganadores de mucho dinero fácil.
El fenómeno no parece detenerse en su crecimiento en las fronteras entre clases sociales. Los jóvenes de familias pudientes --los menos, en el gran universo demográfico mexicano-- exhiben también la peculiaridad de estratificación y enajenación, aunque con estilos distintos a los de otro origen, además de que por causas obvias son numéricamente menos.
Glosario: Enajenación: desde el punto de vista de la sociología, relación entre personas que se expresa en una relación entre cosas. Es básicamente un fenómeno ubicado al nivel de la conciencia que aparece por efectos de determinadas circunstancias y mecanismos económico. Es sobre todo una pérdida de conciencia que aparece en el momento en que en la sociedad se crean formas de explotación del hombre por el hombre y, así, la sociedad pierde por causas sociales unaporción del producto de su trabajo.
Estratificación: dividir en estratos o capas inmutables.
Estructura: conjunto de relaciones internas y estables que articulan los diferentes elementos de una totalidad concreta (un pueblo, un grupo social, un organismo, etcétera). Superestructura: conjunto de instituciones cuya función es la de cohesionar a la sociedad y a la cultura en torno a la base económica y de asegurar la reproducción de ésta última aun a costa de los intereses sociales.

el DEMÓCRATA. Fausto Fernández Ponte Agencia Mexicana de Información

Asimetrías

El Narco, ¿Cogobierno de Facto?

“Se están creando grandes contingentes con hambre que son presas rápidas de la delincuencia”.
Nohemí Quirasco,
Presidenta de la Comisión de Derechos Humanos de Veracruz.


I

El epígrafe de la entrega de hoy es autorçia de una funcionaria del gobierno del Estado de Veracruz que no se caracteriza precisamente ni mucho menos distingue por su cosmovisión progresista ni por su nervio social. Lo opuesto.

Doña Nohemí ha destacado por su adhesión a la cultura del chambismo sexenal que definen al priísmo y también al panismo y, no se diga, al perredismo (sea éste chuchista o no) y de los partiditos-negocio que nos plagan. abundan.

Por supuesto, tómase nota aquí de la respetabilidad de la propia señora Quirasco y sus opiniones, independientemente de sus motivaciones ideológicas y políticas coyunturales y su enteco léxico, pues le dá martillazo certero al proverbial clavo. Tiene razón.

Véase, si no, lo que sigue:

1) Las organizaciones dedicadas al tráfico ilícito de psicotrópicos y estupefacientes –coloquialmente englobadas en el vocablo “narcotráfico” o el apócope “narco”— es el principal empleador de mano de obra del país.

2) Y a más de crear empleos existentes al margen de la ley, también satisface ciertas exigencias y expectativas sociales: ser “narco” tiene, en determinados estratos societales, un aura de aventura, heroísmo, desafío, valentía.

3) Ello explicaría el insoslayable verismo de que los cárteles del “narcotráfico” y el oficio concomitante (el de “narco”) se han situado con aura y “glamour” incluso épicos, pese a su execrabilidad antisocial, en el imaginario popular.

II

También explicaría, a la luz de la sociología y la psicología social e incluso la economía política y hasta la filosofía --disciplinas científicas muy acreditadas-- un hecho objetivamente discernido: el apoyo popular al “narco”.

Véase mas:

4) Ese apoyo popular tiene raigambre genealógica que indagaciones más profundas e interdisciplinarias podrían decodificar. El corrido –género musical progenie del juglarismo cual historia oral-- describen personajes y sucediditos.

4) Admítase que en en la lírica del corrido se entreveran narraciones con juicios de valor, en la exaltación no siempre hiperbólica de individuos y sus avatares. El folclore es cultura si a ésta se le tiene por acervo colectivo.

5) Y el corrido, aunque prohibida su difusión radiada o televisada en su vertiente temática del “narco”, continúa siendo expresión genuina del sentir y el parecer populares. Desde ese prisma se le vería cual registro histórico fiel.

6) Más volvamos a la miga de la entrega de hoy: explorar la psique colectiva del mexicano para discernir el por qué de sus conductas. La admiración, simpatía e incluso apoyo social al “narco” no es fortuita. Tampoco gratuita.

7) Podría ser identidad: el mero Presidente de Facto, Felipe Calderón (espurio para millones de mexicanos, investido amén de madrugada en Los Pinos y entrado por atrás al Congreso de la Unión) habló de la base social del “narco”.

8) El reconocimiento de don Felipe, si bien pudo tener por móvil la frustración (y un subconsciente delator por añadidura, que denotaría desprecio por el pueblo), aclararçia el fenómeno de esa simpatía popular por el “narco”.

9) Más la clave mayor, pensaríase, bien pudiere ser una ocurrencia vera y muy documentada y verificada que la “ombudsman” veracruzana –doña Nohemí— desglosó: el “narco” hace obra pública.

III

Cierto, el señor Calderón, al hablar públicamente acerca de la base social del “narco”, estaría informado por Ejército o el aparato de espionaje civil que el “narco” hace caminos y escuelas --obra pública en general— y asistencia solidaria.

Don Felipe seguramente sabría que a consecuencia de ello, la voluntad política de muchas autoridades constituidas, desde gobernadores hasta alcaldes y agentes municipales (y jefes de manzana) está adherida al “narco” por ese mucílago.

Aquçi adviértese que el mucílago no es sólo el que representa la simpatía. No. Identifícase también una empatía; a ésta podríasele definir como idenitifcación mental y afectiva, colectivamente. El pueblo no ve al “narco” como enemigo.

Ello se vió en Michoacán en las últimas semanas. Pero se ha visto también en muchos más de los 31 Estados Unidos Mexicanos --Veracruz incluido, según la señora Quirasco— y se ve y seguiremos viendo cómo se extiende el fenómeno.

Ello indicaría conclusivamente que el “narco” –cárteles y sus operadores—gobierna en absoluto en vastas regiones del país y, por ello, cogobiernacon el poder político panista, priísta y perredista del Estado mexicano.

Hay, pues, un cogobierno en México, con todas sus implicaciones y secuelas sintomáticas, que coincide no en lo moral ni operativo con el movimiento de resistencia civil, el del “Gobierno Legítimo” de Andrés Manuel López Obrador.

Cogobierno de facto, como el del señor Calderón, pero que a diferencia de éste el del “narco” sí realiza obra pública, crea empleos –tan sólo el tráfico ocupa, sábese, a medio millón— adicionales en más de la mitad del territorio nacional.

El “narco” hasta tiene policías; opera, además, los servicios públicos. Pero su estilo es el de la subrogación. No despachan los “narcos” –capos y sus operadores— en oficinas de gobierno. No. Subrogan esa tarea mediante un poder coactivo indiscutible.

He allí el origen de la simpatía popular –la base social aludida por don Felipe—del “narco”. Más a ese origen concurre otro vector de inequívoco efecto: el promedio de edad de los sicarios de los cárteles es de 27 años, la media nacional.

Eso nos dice algo. Nos dice, v. gr., que el poder político panista, priísta, perredista “et al” del Estado mexicano no ha sabido ni podido (ni querido) servirle a su mandante, el pueblo. Visto así, el “narco” es el menor de los peligros.

Glosario:
Et al: latín, por “y todos los demás” o “y el resto”.
Por políitico del Estado: uno de los elementos constitutivos de éste, representado en el caso mexicano por los Poderes de la Unión en todos sus niveles e instancias. Los otros elementos constitutivos del Estado son el pueblo, que es el principal y más importante; el territorio, la soberanía, etcétera. Otra teoría del Estado muy extendida identifica al poder político como representante de una clase o estratos sociales dominantes o incluso una mafia, al servicio de intereses propios o de una oligarquía. Para algunos politólogos eminentes y políticos de nota tal es el caso en México.
V. gr.: latín, en lugar de “por ejemplo”.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Como lectora común de otra disciplna formal, le agradezco su atención de escribir el glosario. Facilita así el emtendimiento.