el DEMÓCRATA. Asimetrías
¿Desenlaces Inevitables?
Por Fausto Fernández Ponte
“El gobierno panista rehúye asumirse como gobierno”.
José Blanco.
I
Cada día, desde el primero de diciembre de 2006, ocho mil 200 mexicanos trasponen el umbral de la pobreza y se instalan en ella, contrario a su albedrío, forzadamente. A resultas, a la data de hoy el total es de unos seis millones aproximadamente.
El cálculo es dramáticamente espectacular por sí mismo, consignado en reciente pesquisa y estudio del Centro de Estudios de Finanzas Públicas, intitulado “La evolución de los precios de la canasta básica y su impacto en salarios y empleo”.
Tan sólo en lo que va del año, los precios de los alimentos han aumentado ¡135 por ciento! por encima de la inflación, lo que significa que si ésta, que es de casi el 6 por ciento, se suma a aquél incremento, el total es de casi 141 por ciento. ¡Qué terrible!
Esa cifra define también, por añadidura, lo que está ocurriendo en México: la desintegración del tejido socioeconómico y del andamiaje político-cultural de un país cuyo recurso natural más importante y estratégico, el humano, sufre desperdicio avieso.
Ese desperdicio antójase criminal, por antisocietal, si lo definimos como secuela de la comisión impune y cínica de delitos inequívocamente tipificados y moral y éticamente definidos en el marco filosófico, ideológico y político de la historia de México.
Es más, pudiérese decir sin incurrir en hipérbole que desde los paradigmas, parámetros y axiomas y hasta la pedagogía de la economía política y la teoría económica del capitalismo neoliberal prevaleciente aquí, es una aberración colosal.
Esos seis millones de nuevos pobres se han sumado a muchos otros millones de connacionales que antes de la fecha estaban ya insertos en un estado de pobreza histórico en gradación variopinta –que abarca la miseria— y viven en tal degradación.
II
Esa degradación equivale a un cautiverio con dialéctica propia. Los pobres de reciente cuño calderonista y los pobres constituidos durante los sexenios de Vicente Fox y su predecesor Ernesto Zedillo conjúntase con los pobres históricos de México.
Estos últimos son los de siempre, producidos por las formas de organización económica desde 1946, en el alemanismo coincidente con la fundación vera del Partido Revolucionario Institucional y, luego, en 1982, tras cambiar de piel, el neoliberalismo.
El neoliberalismo fue abrazado unilateralmente en ese año, sin consulta con la ciudadanía y ante el entusiasmo de la oligarquía de ese entonces, mutando por fiat presidencial una economía laxamente considerada mixta por la actual, la salvaje.
Hace 27 años, el Presidente de la República –Miguel de la Madrid, de tristísima memoria y humillante servilismo ante el maximato político del salinismo que se vive en México--, se gestó ésta fase ocurrente, muy aguda, de la debacle de hoy.
La debacle es sufrida por todos los mexicanos, en particular 1) los depauperados históricos, 2) los devenidos de los sexenios zedillista y foxista, y 3) los recién arribados a tal situación por la cortedad de miras y brevedad intelectual de Felipe Calderón.
Ese denso conglomerado de mexicanos sumarían, según el maquillaje gubernamental, unos 60 millones de personas, pero cifras más confiables (como las exhibidas por Julio Boltvinik) acusam verismo: unos 80 millones viven en pobreza.
¿Qué nos indica ello? Mucho. No se requiere de conocimientos académicos, sino únicamente elementales, para discernir la magnitud y atributos monstruosos de ese hecho insoslayable: La cifra mueve a espeluzno. Es, por sí, un vector de terror.
III
Terror económico, cuya naturaleza yacente no es ajena al político. En un país como México, de unos 107 millones (110, según la prospectiva) de habitantes, en donde 80 millonee de éstos viven en pobreza y en miseria, el potencial de inestabilidad es enorme.
Toda inestabilidad tiene fuerzas internas que interactúan –en lo que es una de las definiciones de la dialéctica-- y su tránsito a la ingobernabilidad es, si desatendida, casi simultánea. Inestabilidad e ingobernabilidad se entreveran y traslapan.
Y ya estamos en la ingobernabilidad plena, imparable, en ruta hacia un destino de desintegración del poder político del Estado mexicano y, por contagio, de éste mismo. La pobreza es un indicador de tal desintegración; la ingobernabilidad, otro.
En México ejercen poderes fácticos los siguientes:
Uno, las las organizaciones dedicadas al tráfico ilícito de estupefacientes y sustancias psicotrópicas, que incluso realizan obra pública y proveen sociales, tal como lo denunció una funcionaria del gobierno del Estado de Veracruz, Nohemí Quirasco.
Otro, el que se representa en el maximato político-económico del exPresidente Carlos Salinas, cuya influencia trasciende los confines del PRI y se advierte en los de los partidos (de) Acción Nacional y de la Revolución Democrática y otras facciones.
Y un tercero, el que se configura con el llamado Gobierno Legítimo de México, que preside Andrés Manuel López Obrador , sustentado sobre una base documentada, debidamente afiliada, de millones de militantes del Movimiento de Resistencia Civil.
Otro más, los gobernadores de algunos Estados que, sin adhesión de ninguna especie ni clase al titular del Pacto Federal --el señor Calderón-- son sátrapas feudales y de horca y cuchillo, en alianza tácita o actual con los cárteles del “narcotráfico”.
Uno más: el zapatismo indígena y sus variantes en Chiapas y algunos de los 31 Estados Unidos Mexicanos, en donde existen municipios autónomos –juntas de buen gobierno o “caracoles”—que instrumentan valores de una democracia verdadera.
Otro adicional: la violencia generalizada en el país, a la cual se suma su propia atmósfera y cultura; una y otra pernean la dermis societal y produce condiciones propicias para desenlaces de caos. Ello anticipa desenlaces predecibles:
Por un lado, el establecimiento de una megadictadura militar sin precedente en la historia de México.
Por otro, la radicalización de las fuerzas de la oposición política real, ajena a los partidos políticos, de raíz social cuasi revolucionaria.
Y un tercer lado, una combinación de ambas.
Mientras, la desintegración del poder político nos llevará a 2012 y más allá, en una vorágine de anarquía, vacío de poder formal y aumento del fáctico, golpes de Estado no castrenses, balcanización que tal vez despierte una conciencia revolucionaria general.
Glosario:
Boltvinik, Julio (1944-): economista por la UNAM, con doctorados en Inglaterra y México, académico y político. Autor de libros especializados en el tema de la pobreza: “Índice de progreso social” y “Pobreza y distribución del ingreso en México”. Inventor de metodologías científicas para medir la pobreza.
Fiat: decreto, orden indiscutible.
Asimetrías
Otro Síntoma Ominoso
Fausto Fernández Ponte
"México es el país de los jóvenes, pero ¿cómo será ese país si los jóvenes son las víctimas principales de la desintegración del Estado?Pedro Jesus Toledo.
I
La interrogante del caro leyente Toledo --quien informa leernos desde Chihuahua en Diario Libertad-- es conturbadora. Todos los mexicanos, tengamos conciencia de ello o no, padecemos las secuelas de la imparable desintegración del poder político del Estado mexicano que, eventualmente, causaría, a su vez, el desmoronamiento mismo de éste. Aclárese que por Estado entendemos al país entero y sus elementos constitutivos --el pueblo, el poder político, el territorio y, desde luego, la soberanía tan preciada hoy precarísima-- y no únicamente al andamiaje institucional burocrático de gobierno que posibilita ejercer la potestad de monopolizar legalmente la coacción y la coerción. La crisis deviene de ese proceso desintegrador iniciado hace casi tres dècadas, pero intensficado y acelerado no sin dramatismo en los sexenios del priísmo protopanista (el de Ernesto Zedillo) y el panismo propiamente de Vicente Fox y Felipe Calderón y afecta a todos los mexicanos, pero en particular a la infancia, adolenscencia y adultez joven. Cierto. El fenómeno de desintegración del poder político del Estado federal y, por consecuencia, de los 31 Estados federados y las crisis concomitantes, simultáneas y concurrentes se ha traducido en una erosión de expectativas generales en los mexicanos y, desde luego, en el adelgazamiento de la esperanza societal, sobre todo en la juventud. Esa juventud --no olvidemos que la media nacional es de 27 años de edad-- abarcaría, mediante el empleo de ciertos parámetros demográficos utilizados por el Instituto Nacional de Estadística, Geografía e Informática, a un grueso poblacional que va desde el primer día de nacido hasta los 40 años, que, según un añejo proverbio francés, es la vejez de la juventud. De la definición taxonómica de la juventud deviene el promedio aquí elucidado. Ese grueso poblacional es, como diría Rubén Darío, un divino tesoro. Un tesoro que, como también lo describió el gran poeta nicaragüense, se va para no volver. Es, pues, un activo perecedero y finito, aunque posee el atributo de la renovación. Recurso renovable.
II
Más para el caso del tema de la entrega de hoy, identifiquemos a los jóvenes con arreglo a otros paradigmas, aquellos que establecen que alguien es considerado joven a los 30 ó incluso a los de 35 años de edad. Por la media nacional disciérnese que éste es un país de jóvenes y ello lo sitúa como uno muy rico en el recurso más importante y, ergo, estratégico. Si bien ese recurso acusa esa peculiaridad de vital --es la garantía de la trascendencia demográfica, el futuro inmediato y mediato, de México-- el poder político del Estado federal y los 31 Estados federados ha desestimado, por los motivos que hubiesen sido, el desarrollo de dicho activo fundamental. Deficiencias de origen en el desarrollo humano. La consecuencia es dramática: el promedio de escolaridad de la población de México es el cuarto grado de educación primaria y del quinto grado en el conjunto demogràfico considerado joven. Por ello, en los jóvenes mexicanos no se advierte la existencia de contentamiento alguno, sino lo opuesto: hay resentimiento. Millones de jóvenes carecen tal vez de conciencia de las causales de ese resentimiento o, incluso, de que estén resentidos, pues su registro vivencial limitado por su misma edad, su escolaridad cercenada y el contexto general dentro del cual interactúan social y culturalmente, en lo anìmico y existencial y sólo asumen sus efectos: la estratificación y la enajenación. Atrapados por las garras afiladas de la estructura y las zarpas cortantes de la superestructura de la sociedad, la juventud mexicana tiene escasas vías de escape y espitas por las cuales liberar sus energías subsumidas por la estratificación económica, política, social y cultural y la enajenación existencial e incluso la frustración esperiencial. La estratificación le impide la movilidad social. La enanejación lo disocia del esfuerzo personal o colectivo --societal-- y lo induce a estados de ánimo colectivos escapistas, lo cual explicaría el creciente consumo de estupafeacientes y psicotrópicos, cuyo tráfico comercial es un quehacer altamente organizado y, culturalmente heroico.
III
Así, la juventud registra, discierne, identifica y asimila ese tráfico como una protesta al statu quo que lo oprime, sepa o no si esa es la causa real de su opresión. Sumarse al "narcotráfico" --como vendedor, sicario o lo que sea-- es por añadidura fontana de aventura, excitación, desafío, protesta, búsqueda y afirmación de identidad y de un "lugar" en el universo inmediato. Es posible que por esos motivo, la inmensa mayoría (un 90 por ciento) de los 60 mil y pico "narcos" que el Presidente de Facto Felipe Calderón presume haber encarcelado en los 30 meses que va de su sexenio esté conformada por jóvenes. Según estadísticas confiables, el promedio de edad de la población carcelaria es igual al nacional: 27 años. No sorprendería descubrir (o confirmar) que los sicarios de las organizaciones dedicadas al "narcotráfico" tienen, en promedio, esa misma edad, a lo que añadiríase otro componente importante, el de una media baja de escolaridad. Otros vectores aúnan a ese fenómeno aquì identificado: hogares fracturados de hecho, exaltación sistémica de valores antisociales, etcétera.
Los valores antisociales no sólo se fomentan en el hogar, fracturado o no (el 41 por ciento del total de familias tiene por cabeza a la mujer), sino también en la escuela y el ámbito socio-cultural y, acusadamente, en la escala emulativa, muy degradada, de los prohombres (y promujeres) del modelo economico, político y de la cultura. Ganar y prevalecer con trampa. A como dé lugar.
Por ello, para millones de jóvenes mexicanos los héroes a quienes emular son o imaginarios --síntoma de escapismo patológico virulento incluso-- o notorios por su s conductas o quehacer antisociales, abanderados de filosofías de violencia, de alevosías y ventajas --de agandalle-- o protagonistas de aventuras extremas y ganadores de mucho dinero fácil.
El fenómeno no parece detenerse en su crecimiento en las fronteras entre clases sociales. Los jóvenes de familias pudientes --los menos, en el gran universo demográfico mexicano-- exhiben también la peculiaridad de estratificación y enajenación, aunque con estilos distintos a los de otro origen, además de que por causas obvias son numéricamente menos.
Glosario: Enajenación: desde el punto de vista de la sociología, relación entre personas que se expresa en una relación entre cosas. Es básicamente un fenómeno ubicado al nivel de la conciencia que aparece por efectos de determinadas circunstancias y mecanismos económico. Es sobre todo una pérdida de conciencia que aparece en el momento en que en la sociedad se crean formas de explotación del hombre por el hombre y, así, la sociedad pierde por causas sociales unaporción del producto de su trabajo.
Estratificación: dividir en estratos o capas inmutables.
Estructura: conjunto de relaciones internas y estables que articulan los diferentes elementos de una totalidad concreta (un pueblo, un grupo social, un organismo, etcétera). Superestructura: conjunto de instituciones cuya función es la de cohesionar a la sociedad y a la cultura en torno a la base económica y de asegurar la reproducción de ésta última aun a costa de los intereses sociales.
el DEMÓCRATA. Fausto Fernández Ponte Agencia Mexicana de Información
Asimetrías
El Narco, ¿Cogobierno de Facto?
“Se están creando grandes contingentes con hambre que son presas rápidas de la delincuencia”.
Nohemí Quirasco,
Presidenta de la Comisión de Derechos Humanos de Veracruz.
I
El epígrafe de la entrega de hoy es autorçia de una funcionaria del gobierno del Estado de Veracruz que no se caracteriza precisamente ni mucho menos distingue por su cosmovisión progresista ni por su nervio social. Lo opuesto.
Doña Nohemí ha destacado por su adhesión a la cultura del chambismo sexenal que definen al priísmo y también al panismo y, no se diga, al perredismo (sea éste chuchista o no) y de los partiditos-negocio que nos plagan. abundan.
Por supuesto, tómase nota aquí de la respetabilidad de la propia señora Quirasco y sus opiniones, independientemente de sus motivaciones ideológicas y políticas coyunturales y su enteco léxico, pues le dá martillazo certero al proverbial clavo. Tiene razón.
Véase, si no, lo que sigue:
1) Las organizaciones dedicadas al tráfico ilícito de psicotrópicos y estupefacientes –coloquialmente englobadas en el vocablo “narcotráfico” o el apócope “narco”— es el principal empleador de mano de obra del país.
2) Y a más de crear empleos existentes al margen de la ley, también satisface ciertas exigencias y expectativas sociales: ser “narco” tiene, en determinados estratos societales, un aura de aventura, heroísmo, desafío, valentía.
3) Ello explicaría el insoslayable verismo de que los cárteles del “narcotráfico” y el oficio concomitante (el de “narco”) se han situado con aura y “glamour” incluso épicos, pese a su execrabilidad antisocial, en el imaginario popular.
II
También explicaría, a la luz de la sociología y la psicología social e incluso la economía política y hasta la filosofía --disciplinas científicas muy acreditadas-- un hecho objetivamente discernido: el apoyo popular al “narco”.
Véase mas:
4) Ese apoyo popular tiene raigambre genealógica que indagaciones más profundas e interdisciplinarias podrían decodificar. El corrido –género musical progenie del juglarismo cual historia oral-- describen personajes y sucediditos.
4) Admítase que en en la lírica del corrido se entreveran narraciones con juicios de valor, en la exaltación no siempre hiperbólica de individuos y sus avatares. El folclore es cultura si a ésta se le tiene por acervo colectivo.
5) Y el corrido, aunque prohibida su difusión radiada o televisada en su vertiente temática del “narco”, continúa siendo expresión genuina del sentir y el parecer populares. Desde ese prisma se le vería cual registro histórico fiel.
6) Más volvamos a la miga de la entrega de hoy: explorar la psique colectiva del mexicano para discernir el por qué de sus conductas. La admiración, simpatía e incluso apoyo social al “narco” no es fortuita. Tampoco gratuita.
7) Podría ser identidad: el mero Presidente de Facto, Felipe Calderón (espurio para millones de mexicanos, investido amén de madrugada en Los Pinos y entrado por atrás al Congreso de la Unión) habló de la base social del “narco”.
8) El reconocimiento de don Felipe, si bien pudo tener por móvil la frustración (y un subconsciente delator por añadidura, que denotaría desprecio por el pueblo), aclararçia el fenómeno de esa simpatía popular por el “narco”.
9) Más la clave mayor, pensaríase, bien pudiere ser una ocurrencia vera y muy documentada y verificada que la “ombudsman” veracruzana –doña Nohemí— desglosó: el “narco” hace obra pública.
III
Cierto, el señor Calderón, al hablar públicamente acerca de la base social del “narco”, estaría informado por Ejército o el aparato de espionaje civil que el “narco” hace caminos y escuelas --obra pública en general— y asistencia solidaria.
Don Felipe seguramente sabría que a consecuencia de ello, la voluntad política de muchas autoridades constituidas, desde gobernadores hasta alcaldes y agentes municipales (y jefes de manzana) está adherida al “narco” por ese mucílago.
Aquçi adviértese que el mucílago no es sólo el que representa la simpatía. No. Identifícase también una empatía; a ésta podríasele definir como idenitifcación mental y afectiva, colectivamente. El pueblo no ve al “narco” como enemigo.
Ello se vió en Michoacán en las últimas semanas. Pero se ha visto también en muchos más de los 31 Estados Unidos Mexicanos --Veracruz incluido, según la señora Quirasco— y se ve y seguiremos viendo cómo se extiende el fenómeno.
Ello indicaría conclusivamente que el “narco” –cárteles y sus operadores—gobierna en absoluto en vastas regiones del país y, por ello, cogobiernacon el poder político panista, priísta y perredista del Estado mexicano.
Hay, pues, un cogobierno en México, con todas sus implicaciones y secuelas sintomáticas, que coincide no en lo moral ni operativo con el movimiento de resistencia civil, el del “Gobierno Legítimo” de Andrés Manuel López Obrador.
Cogobierno de facto, como el del señor Calderón, pero que a diferencia de éste el del “narco” sí realiza obra pública, crea empleos –tan sólo el tráfico ocupa, sábese, a medio millón— adicionales en más de la mitad del territorio nacional.
El “narco” hasta tiene policías; opera, además, los servicios públicos. Pero su estilo es el de la subrogación. No despachan los “narcos” –capos y sus operadores— en oficinas de gobierno. No. Subrogan esa tarea mediante un poder coactivo indiscutible.
He allí el origen de la simpatía popular –la base social aludida por don Felipe—del “narco”. Más a ese origen concurre otro vector de inequívoco efecto: el promedio de edad de los sicarios de los cárteles es de 27 años, la media nacional.
Eso nos dice algo. Nos dice, v. gr., que el poder político panista, priísta, perredista “et al” del Estado mexicano no ha sabido ni podido (ni querido) servirle a su mandante, el pueblo. Visto así, el “narco” es el menor de los peligros.
Glosario:
Et al: latín, por “y todos los demás” o “y el resto”.
Por políitico del Estado: uno de los elementos constitutivos de éste, representado en el caso mexicano por los Poderes de la Unión en todos sus niveles e instancias. Los otros elementos constitutivos del Estado son el pueblo, que es el principal y más importante; el territorio, la soberanía, etcétera. Otra teoría del Estado muy extendida identifica al poder político como representante de una clase o estratos sociales dominantes o incluso una mafia, al servicio de intereses propios o de una oligarquía. Para algunos politólogos eminentes y políticos de nota tal es el caso en México.
V. gr.: latín, en lugar de “por ejemplo”.
viernes, 31 de julio de 2009
jueves, 23 de julio de 2009
Asimetrías
Asimetrías ¿Hacia la Desintegración? el DEMÓCRATA. Columnas. Por Fausto Fernández Ponte
“Los mexicanos sabemos que la solución a la crisis es desechar el actual modelo de desarrollo y crear uno nuevo, pero tenemos miedo
de hacerlo y deseamos que otros lo hagan por nosotros”.
José Juan Marín Leonés.
I
La descomposición del poder político del Estado mexicano e incluso de otros de sus elementos constitutivos, como el mismísimo pueblo –el más importante de todos--, la soberanía y el territorio son parte de nuestra realidad cotidiana. El final es previsible.
Podríase decir sin incurrir en hipérbole que todos los mexicanos padecen esa realidad cotidiana en gradación variopinta. Los ricos, por ser ricos. Y los pobres –80 millones de ellos-- precisamente por su carencia de un colchón atenuante del golpeteo.
Éste golpeteo es brutal. Y su brutalidad define su naturaleza, la dialéctica de ésta –las interacciones y contradicciones de sus componentes—, sus desenlaces sincréticos y sus secuelas. La consecuencia mayor de ese golpeteo es la incertidumbre social.
Esa incertidumbre social deviene en erosión de la esperanza. Pero los mexicanos buscamos soluciones que no impliquen transformación de fondo –estructural y superestructural— y, recursivos a ultranza e imaginativo, incurrimos en antiheroísmos.
Bajo esa actitud colectiva, damos paridad a dos valores antipodales –opuestos—como son los de resistir (“el pueblo mexicano es muy aguantador”, presumimos) y buscar alternativas que no impliquen rupturismos. Nos adaptamos. O emigramos.
Tal es nuestra idiosincrasia. Inclusive, la lucha política tiene en esa vena idiosincrasica la noción de “resistencia”. El movimiento de masas que abandera Andrés Manuel López Obrador tiene un pendón denominador: “resistencia civil pacífica”.
Aguantar, pues. Resistir el embate de un virus celular, molecular, protoplásmica, de un Estado --México-- devenida de un falso patriotismo mercantilista y, ergo, traidor, el del hampa de la política cuya ideología no se inspira en el pueblo ni se nutre de éste.
II
La ideología de ese hampa de la política es antisocial. Tiene inspiración conservadora que, según la historia de México, siempre ha sido opuesta al interés del pueblo. Benito Juárez no ha tenido estafetarios veros desde que Porfirio Díaz tomó el poder en 1876.
Esos pseudo-estafetarios del juarismo son virtuosos de la simulación. Se simula el ejercicio social del poder para disfrazar su práctica antisocial. Las simientes de la crisis actual fueron plantadas ha mucho, en 1917, al promulgarse la Carta Magna.
La Constitución no creó una economía pro-social, sino una mixtura con pátinas prosocializantes, para preservar intacta la concepción subcapitalista-mercantilista del Estado que, a contrapelo de la experiencia histórica, deviene en simulación.
Se simula un Estado laico. Se simula un Estado social –que no socialista--. Y se simula un Estado con contrapesos democráticos supuestos, que en realidad no existen. Para disfrazar depredaciones y saqueos oligárquicos y una plutocracia impune y cínica.
Se simula para ocultar la descomposición que, como bien sabríase con certeza, es general, con acentos agudos en ciertos aspectos particulares. A esa descomposición rampante la registramos e identificamos como la crisis, como proceso de destrucción.
Aclárese a fuer de puntillosidad precisoria que al referirnos al Estado mexicano aludimos a sus sinónimos: México, el país, la nación, la totalidad, el todo. El vocablo Estado es epiceno. Es, sin eufemismo, exacto. El Estado mexicano es México.
Así, la crisis --es decir, la descomposición— del Estado mexicano o de México implica su desintegración y su sustitución morfológica a raíz de ese proceso de cambio de más a menos de sus componentes orgánicos. A la vista ya, la desintegración.
III
Hace un par de días, Manlio Fabio Beltrones, un político de lo más avezado en el contexto de las relaciones internas de lo que conocemos y comprendemos como “el sistema”, identificó un peligro real al Estado mexicano, a México: la balcanización.
Y otro político igualmente avezado en ese mismo contexto del “sistema”, Marcelo Ebrard, surgido, como el señor Beltrones, del mismo crisol priísta –el único que conocemos los mexicanos desde 1946-- alertó: México está al borde del precipicio.
Otros políticos menos notorios --legisladores del PRI y PRD— pero también representativos del “sistema”, hablan del imperativo imposponible de que la vertiente ejecutiva, calderonista, del poder político del Estado “dé un golpe de timón”.
Don Marcelo y don Manlio –a quienes seguramente la tentación presidencial llevará a escenarios con más reflectores en 2012-- y los diputados priístas y perredistas de la inútil LX Legislatura trajeron a primer plano de atención vocablos de la ciencia política:
Balcanización, modelo económico y golpe de timón son expresiones que denotan experiencias históricas. Balcanizar es dividir un territorio en pequeños Estados. Golpe de timón, expresión marinera, significa dar a la nave un cambio brusco de dirección.
El señor Ebrard, quien es el jefe de gobierno del Distrito Federal, planteó la exigencia imperativa cde crear otro modelo económico, aunque no dio luces acerca de sus características deseables, pues éstas parecen obvias: las de servir al interés colectivo.
Esto nos lleva al tema de cómo enfrentar y superar la debacle –el desastre—que nos estruja y despulpa y, paradójicamente, mantiene paralizados y hasta anestesiados al grueso mayoritario de los mexicanos, a la espera de soluciones providenciales.
Pero la Providencia –cuyos adherentes consideran divina-- no es ni ha sido oidora ni veedora. Los personeros del poder político del Estado citados sienten el peligro. Les preocupa el país, pero sobre todo su suerte personal. No tendrán país qué gobernar.
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Esos 12 Millones 714 mil 881 Votos...
Fausto Fernández Ponte
"Cuando el dinosaurio despertó, todavía estaba allí".
Tito Monterroso.
I
El desenlace electoral reciente --hace apenas 10 días-- ha cincelado la percepción en la cúpula del PRI y sus nuevos 237 diputados de que obtuvieron nmandato popular. Esa percepción es, desde luego, sofista, pues un mandato popular se define, según la terminología técnica electoral, en una mayoría de votantes empadronados. No fue ese el caso el 5 de julio. Ello conforma un verismo insoslayable. Los 12 millones 714 mil 881 ciudadanos que votaron por los candidatos del PRI representan únicamente el 36.76 por ciento del total de quienes sí sufragaron. Y ese total de quienes sufragaron representan el 44.81 de otro tiotal macrcósmico,mayor, el de los ciudadanos empadronados, que son casi 78 millones. Es obvio que quienes votaron son una minoría. La mayoría --55.19 por ciento-- se abstuvo de acudir a las urnas por las razones que fuesen y hubiesen sido, idiosincrásicas, tácticas o estratégicas e incluso propias de la cultura política. La voluntad de esos 12 millones 714 mil 881 votantes es por principio y definición respetabilísima y digna, independientemente de cuales hayan sido sus motivaciones a favor del PRI. Pero no es un mandato.
II
En llas reglas del propio Instituto Federal Electoral e incluso en la rosa de los vientos y la brújula por las que se guían los magistrados del Tribunal Electoral, se definen bien al mandato. Los paradigmas definitorios protoplásmicos de un mandato son, según la ciencia política y la práctica jurídico-electoral, una votación mayor respecto a) del padrón, y b) superioridad numérica absoluta. En el caso, el abstencionismo --ese 55.19 por ciento que ronda al sistema político -- define precisamente al proceso electoral mismo como expresión nuclear de la muy entrecomillada democracia mexicana.
El abstencionismo es, dicho con apego estricto a los paradigmas de la ética política, muy respetable. Abstenerse de votar es, también, un derecho constitucional. Votar o no es un ejercicio de albedrío. Y configura, señálese, un derecho incontrovertible: el derecho a tener derechos, los del albedrío, consagrados incluso en casi todas las cartas magnas del mundo y, definitivamente, en nuestra propia Constitución. Por añadidura, votar debe ser una figura jurídica efectiva, más no efectista y de simulación --como es demostrada e históricamente el caso en México--, pues es una una entelequia hologramáfica. Es y no es.
III
Es y no es: ello antójase indisputable como componente del contexto de la realidad sociopolítica de México. Es un trasgo en concubio solitario, sin contrapartes; éstas serían otras figuras jurídicas concomitantes. Y una de esas figuras concomitantes es la revocación de la investidura de alguien elegido. Sin revocación de mandatos, el ejercicio de votar es, como ya se dijo, sólo efectista, un sombrerazo, pues.
Un sombrerazo para "apantallar", como diríase coloquialmente. Para simular ante los propios mexicanos y también al mundo la existencia de una sólida y rutilante "democracia" mexicana.
Pero ese 55.19 por ciento de abstencionistas demuestra que éstos no creen en la efectividad cacareada de la figura jurídica de la elección sin contrapartes constitutivas que le quiten las comillas a la "democracia". Más no es eso todo. Lo que cancela al supuesto atributo democrático del sistema político es asaz antidemocrático: sólo los partidos políticos pueden postular candidfatos. Postulan, además, por "dedazo".
La mayoría priísta en la naciente LXI Legislatura no tiene, pues, un mandato (aun con los 22 diputados del "Verde" y los 28 "Chucos" del PRD, con los que sumaría 287) para justificar su triunfalismo. Ese triunfalismo despide un tufo de arrogancia, sobernia, vanagloria, autoritarismo y nos vaticina que en la Cámara de Diputados trabajarán por su agenda, no por la agenda de los mexicanos-
Volver a la Realidad
Fausto Fernández Ponte
A Marco Antonio Castellanos, en homenaje póstumo aor su ejemplaridad personal y profesional (como médico) e integridad como político.
Rara avis.
I
Decíase aquí, que la secuela del muy previsible desenlace de la elección federal del pasado 5 de julio no es motivo de júbilo, sino de mayor preocupación. ¿Por qué? Por lo siguiente:
1) Ninguno de los 259 nuevos diputados del PRI y "Verde", que postularon candidatos en alianza y serán mayoría en la LXI Legislatura, formuló propuestas para superar los problemas de fondo que nos acucian.
2) Ninguno, de hecho, reconoció la existencia de la crisis económica, política, social, cultural y de valores y sí, en cambio, preconizó la continuidad de las prácticas de la simulación en el ejercicio del poder.
3) Ninguno de esos candidatos priístas y "verduleros" --que serán investidos legisladores a partir del primer día de septiembre-- fue poostulado democráticamente, sino por "dedazo".
4) Ninguno de los candidatos de esos partidos aludió públicamente al contexto de excepción en el cual se desarrolló y culminó el proceso electoral y cuyas manifestaciones indican la existencia de otra crisis.
¿Y cuál es esa otra crisis inédita? La que deviene de la percepción ciudadana de que la forma de organización económicda, política e incluso social prevaleciente --es decir, el "sistema"-- ya caducó.
Caducado, ese sistema --o "modelo"-- es inviable, a la luz de los resultados de la aplicación política de los paradigmas de su filosofía, su ideología y su estilo plutocrático y oligárquico de ejercer el poder.
II
Esos resultados, si discernidos a cabalidad objetiva, son dramáticamente espectaculares: desempleo, inflación, mayor pobreza y miseria; ello emblemartiza una realidad de enorme desigualdad y profunda y extensa injusticia.
A esa realidad concurre el estilo inicuo de ejercer las potestades propias del poder político del Estado, que en el colmo de la aberración --perversidaed premeditada e intencional-- trastoca funciones.
Ese estilo nos descorre los velos que en vano tratan de ocultar un verismo insoslayable: el poder político se ha apropiado unilateralmente --ajeno a las formas de la democracia-- de ser mandante y no mandatario. ¡Qué ironía: el mandatario ururpa y manda al mandante! Ello antójase obvio a no pocos ciudadanos conscientes de la realidad y de los componentes y vectores causativos de ésta y la interacción de unos y otros, y sus efectos, a éstas alturas, trágicos. La tragedia mexicana tiene esos componentes: impunidad, que deviene en cinismo --o cínica alegria, cabría decir, como el homicidio de 48 niños en Sonora-- - en conductas corruptas en el ejercicio del poder político. O del poder, a secas. Pero es el poder político, como elemento constitutivo del Estado, el que debe subordinarse al elemento constitutivo más importante, el pueblo, fuese cual fuere su definición.
El pueblo es, según la teoría de Estado, el mandante, y el poder político --en el caso, los Poderes de la Unión-- el mandatario, el que obedece los mandatos de aquél, dados al travfés de la ciudadanía. Esa ciudadanía debe ser --es, en teoría-- plenaria y plenipotenciaria en términos reales. Esos vocablos, plenaria y plenipotenciaria, son axiales para comprender el desenlace comicial.
III
¿Cuál es la condición de plenaria y plenipoptenciaria? La de votar sin coacciones ni coerciones ni inducimientos, en un entorno ordinario, normal, que no existe hoy en México: éste es un país en guerra. Y la guerra, nominal y oficialmente descrita como acciones contra la entelequia "crimen organizado", es en realidad una campaña bélica del poder político panista-priísta del Estado contra la ciudadanía.
En esa guerra contra la ciudadanía se utiliza la herramienta de las Fuerzas Armadas, militares y civiles-militarizadas, en un estado de excepción no sólo inconstitucional, sino también anticonstitucional. Quienes votaron --el 44.81 por ciento del padrón-- no conforman en ningún sentido moral, ético, jurídico o numérico una representativiedad plenaria y plenipotenciaria de la ciudadanía ni de la población.
La razón es simple: el PRI recuperó una clientela tránsfuga, no necesariamente "dura", que en gran medida se había ido, en 2006, al PAN (y que se sumó a un decreciente "voto duro") y a Convergencia, que ahora perdió 12 curules. Con tal minoría electoral, los personeros priístas del poder político conformarán la Cámara de Diputados. Ese 44.81 por ciento del padrón aun cree en el sistema y no abreva en la esperanza de reformas ni de cambios, sino por el statu quo plúmbeo. Más de lo mismo. Hasta 2012.
“Los mexicanos sabemos que la solución a la crisis es desechar el actual modelo de desarrollo y crear uno nuevo, pero tenemos miedo
de hacerlo y deseamos que otros lo hagan por nosotros”.
José Juan Marín Leonés.
I
La descomposición del poder político del Estado mexicano e incluso de otros de sus elementos constitutivos, como el mismísimo pueblo –el más importante de todos--, la soberanía y el territorio son parte de nuestra realidad cotidiana. El final es previsible.
Podríase decir sin incurrir en hipérbole que todos los mexicanos padecen esa realidad cotidiana en gradación variopinta. Los ricos, por ser ricos. Y los pobres –80 millones de ellos-- precisamente por su carencia de un colchón atenuante del golpeteo.
Éste golpeteo es brutal. Y su brutalidad define su naturaleza, la dialéctica de ésta –las interacciones y contradicciones de sus componentes—, sus desenlaces sincréticos y sus secuelas. La consecuencia mayor de ese golpeteo es la incertidumbre social.
Esa incertidumbre social deviene en erosión de la esperanza. Pero los mexicanos buscamos soluciones que no impliquen transformación de fondo –estructural y superestructural— y, recursivos a ultranza e imaginativo, incurrimos en antiheroísmos.
Bajo esa actitud colectiva, damos paridad a dos valores antipodales –opuestos—como son los de resistir (“el pueblo mexicano es muy aguantador”, presumimos) y buscar alternativas que no impliquen rupturismos. Nos adaptamos. O emigramos.
Tal es nuestra idiosincrasia. Inclusive, la lucha política tiene en esa vena idiosincrasica la noción de “resistencia”. El movimiento de masas que abandera Andrés Manuel López Obrador tiene un pendón denominador: “resistencia civil pacífica”.
Aguantar, pues. Resistir el embate de un virus celular, molecular, protoplásmica, de un Estado --México-- devenida de un falso patriotismo mercantilista y, ergo, traidor, el del hampa de la política cuya ideología no se inspira en el pueblo ni se nutre de éste.
II
La ideología de ese hampa de la política es antisocial. Tiene inspiración conservadora que, según la historia de México, siempre ha sido opuesta al interés del pueblo. Benito Juárez no ha tenido estafetarios veros desde que Porfirio Díaz tomó el poder en 1876.
Esos pseudo-estafetarios del juarismo son virtuosos de la simulación. Se simula el ejercicio social del poder para disfrazar su práctica antisocial. Las simientes de la crisis actual fueron plantadas ha mucho, en 1917, al promulgarse la Carta Magna.
La Constitución no creó una economía pro-social, sino una mixtura con pátinas prosocializantes, para preservar intacta la concepción subcapitalista-mercantilista del Estado que, a contrapelo de la experiencia histórica, deviene en simulación.
Se simula un Estado laico. Se simula un Estado social –que no socialista--. Y se simula un Estado con contrapesos democráticos supuestos, que en realidad no existen. Para disfrazar depredaciones y saqueos oligárquicos y una plutocracia impune y cínica.
Se simula para ocultar la descomposición que, como bien sabríase con certeza, es general, con acentos agudos en ciertos aspectos particulares. A esa descomposición rampante la registramos e identificamos como la crisis, como proceso de destrucción.
Aclárese a fuer de puntillosidad precisoria que al referirnos al Estado mexicano aludimos a sus sinónimos: México, el país, la nación, la totalidad, el todo. El vocablo Estado es epiceno. Es, sin eufemismo, exacto. El Estado mexicano es México.
Así, la crisis --es decir, la descomposición— del Estado mexicano o de México implica su desintegración y su sustitución morfológica a raíz de ese proceso de cambio de más a menos de sus componentes orgánicos. A la vista ya, la desintegración.
III
Hace un par de días, Manlio Fabio Beltrones, un político de lo más avezado en el contexto de las relaciones internas de lo que conocemos y comprendemos como “el sistema”, identificó un peligro real al Estado mexicano, a México: la balcanización.
Y otro político igualmente avezado en ese mismo contexto del “sistema”, Marcelo Ebrard, surgido, como el señor Beltrones, del mismo crisol priísta –el único que conocemos los mexicanos desde 1946-- alertó: México está al borde del precipicio.
Otros políticos menos notorios --legisladores del PRI y PRD— pero también representativos del “sistema”, hablan del imperativo imposponible de que la vertiente ejecutiva, calderonista, del poder político del Estado “dé un golpe de timón”.
Don Marcelo y don Manlio –a quienes seguramente la tentación presidencial llevará a escenarios con más reflectores en 2012-- y los diputados priístas y perredistas de la inútil LX Legislatura trajeron a primer plano de atención vocablos de la ciencia política:
Balcanización, modelo económico y golpe de timón son expresiones que denotan experiencias históricas. Balcanizar es dividir un territorio en pequeños Estados. Golpe de timón, expresión marinera, significa dar a la nave un cambio brusco de dirección.
El señor Ebrard, quien es el jefe de gobierno del Distrito Federal, planteó la exigencia imperativa cde crear otro modelo económico, aunque no dio luces acerca de sus características deseables, pues éstas parecen obvias: las de servir al interés colectivo.
Esto nos lleva al tema de cómo enfrentar y superar la debacle –el desastre—que nos estruja y despulpa y, paradójicamente, mantiene paralizados y hasta anestesiados al grueso mayoritario de los mexicanos, a la espera de soluciones providenciales.
Pero la Providencia –cuyos adherentes consideran divina-- no es ni ha sido oidora ni veedora. Los personeros del poder político del Estado citados sienten el peligro. Les preocupa el país, pero sobre todo su suerte personal. No tendrán país qué gobernar.
Asimetrías
Esos 12 Millones 714 mil 881 Votos...
Fausto Fernández Ponte
"Cuando el dinosaurio despertó, todavía estaba allí".
Tito Monterroso.
I
El desenlace electoral reciente --hace apenas 10 días-- ha cincelado la percepción en la cúpula del PRI y sus nuevos 237 diputados de que obtuvieron nmandato popular. Esa percepción es, desde luego, sofista, pues un mandato popular se define, según la terminología técnica electoral, en una mayoría de votantes empadronados. No fue ese el caso el 5 de julio. Ello conforma un verismo insoslayable. Los 12 millones 714 mil 881 ciudadanos que votaron por los candidatos del PRI representan únicamente el 36.76 por ciento del total de quienes sí sufragaron. Y ese total de quienes sufragaron representan el 44.81 de otro tiotal macrcósmico,mayor, el de los ciudadanos empadronados, que son casi 78 millones. Es obvio que quienes votaron son una minoría. La mayoría --55.19 por ciento-- se abstuvo de acudir a las urnas por las razones que fuesen y hubiesen sido, idiosincrásicas, tácticas o estratégicas e incluso propias de la cultura política. La voluntad de esos 12 millones 714 mil 881 votantes es por principio y definición respetabilísima y digna, independientemente de cuales hayan sido sus motivaciones a favor del PRI. Pero no es un mandato.
II
En llas reglas del propio Instituto Federal Electoral e incluso en la rosa de los vientos y la brújula por las que se guían los magistrados del Tribunal Electoral, se definen bien al mandato. Los paradigmas definitorios protoplásmicos de un mandato son, según la ciencia política y la práctica jurídico-electoral, una votación mayor respecto a) del padrón, y b) superioridad numérica absoluta. En el caso, el abstencionismo --ese 55.19 por ciento que ronda al sistema político -- define precisamente al proceso electoral mismo como expresión nuclear de la muy entrecomillada democracia mexicana.
El abstencionismo es, dicho con apego estricto a los paradigmas de la ética política, muy respetable. Abstenerse de votar es, también, un derecho constitucional. Votar o no es un ejercicio de albedrío. Y configura, señálese, un derecho incontrovertible: el derecho a tener derechos, los del albedrío, consagrados incluso en casi todas las cartas magnas del mundo y, definitivamente, en nuestra propia Constitución. Por añadidura, votar debe ser una figura jurídica efectiva, más no efectista y de simulación --como es demostrada e históricamente el caso en México--, pues es una una entelequia hologramáfica. Es y no es.
III
Es y no es: ello antójase indisputable como componente del contexto de la realidad sociopolítica de México. Es un trasgo en concubio solitario, sin contrapartes; éstas serían otras figuras jurídicas concomitantes. Y una de esas figuras concomitantes es la revocación de la investidura de alguien elegido. Sin revocación de mandatos, el ejercicio de votar es, como ya se dijo, sólo efectista, un sombrerazo, pues.
Un sombrerazo para "apantallar", como diríase coloquialmente. Para simular ante los propios mexicanos y también al mundo la existencia de una sólida y rutilante "democracia" mexicana.
Pero ese 55.19 por ciento de abstencionistas demuestra que éstos no creen en la efectividad cacareada de la figura jurídica de la elección sin contrapartes constitutivas que le quiten las comillas a la "democracia". Más no es eso todo. Lo que cancela al supuesto atributo democrático del sistema político es asaz antidemocrático: sólo los partidos políticos pueden postular candidfatos. Postulan, además, por "dedazo".
La mayoría priísta en la naciente LXI Legislatura no tiene, pues, un mandato (aun con los 22 diputados del "Verde" y los 28 "Chucos" del PRD, con los que sumaría 287) para justificar su triunfalismo. Ese triunfalismo despide un tufo de arrogancia, sobernia, vanagloria, autoritarismo y nos vaticina que en la Cámara de Diputados trabajarán por su agenda, no por la agenda de los mexicanos-
Volver a la Realidad
Fausto Fernández Ponte
A Marco Antonio Castellanos, en homenaje póstumo aor su ejemplaridad personal y profesional (como médico) e integridad como político.
Rara avis.
I
Decíase aquí, que la secuela del muy previsible desenlace de la elección federal del pasado 5 de julio no es motivo de júbilo, sino de mayor preocupación. ¿Por qué? Por lo siguiente:
1) Ninguno de los 259 nuevos diputados del PRI y "Verde", que postularon candidatos en alianza y serán mayoría en la LXI Legislatura, formuló propuestas para superar los problemas de fondo que nos acucian.
2) Ninguno, de hecho, reconoció la existencia de la crisis económica, política, social, cultural y de valores y sí, en cambio, preconizó la continuidad de las prácticas de la simulación en el ejercicio del poder.
3) Ninguno de esos candidatos priístas y "verduleros" --que serán investidos legisladores a partir del primer día de septiembre-- fue poostulado democráticamente, sino por "dedazo".
4) Ninguno de los candidatos de esos partidos aludió públicamente al contexto de excepción en el cual se desarrolló y culminó el proceso electoral y cuyas manifestaciones indican la existencia de otra crisis.
¿Y cuál es esa otra crisis inédita? La que deviene de la percepción ciudadana de que la forma de organización económicda, política e incluso social prevaleciente --es decir, el "sistema"-- ya caducó.
Caducado, ese sistema --o "modelo"-- es inviable, a la luz de los resultados de la aplicación política de los paradigmas de su filosofía, su ideología y su estilo plutocrático y oligárquico de ejercer el poder.
II
Esos resultados, si discernidos a cabalidad objetiva, son dramáticamente espectaculares: desempleo, inflación, mayor pobreza y miseria; ello emblemartiza una realidad de enorme desigualdad y profunda y extensa injusticia.
A esa realidad concurre el estilo inicuo de ejercer las potestades propias del poder político del Estado, que en el colmo de la aberración --perversidaed premeditada e intencional-- trastoca funciones.
Ese estilo nos descorre los velos que en vano tratan de ocultar un verismo insoslayable: el poder político se ha apropiado unilateralmente --ajeno a las formas de la democracia-- de ser mandante y no mandatario. ¡Qué ironía: el mandatario ururpa y manda al mandante! Ello antójase obvio a no pocos ciudadanos conscientes de la realidad y de los componentes y vectores causativos de ésta y la interacción de unos y otros, y sus efectos, a éstas alturas, trágicos. La tragedia mexicana tiene esos componentes: impunidad, que deviene en cinismo --o cínica alegria, cabría decir, como el homicidio de 48 niños en Sonora-- - en conductas corruptas en el ejercicio del poder político. O del poder, a secas. Pero es el poder político, como elemento constitutivo del Estado, el que debe subordinarse al elemento constitutivo más importante, el pueblo, fuese cual fuere su definición.
El pueblo es, según la teoría de Estado, el mandante, y el poder político --en el caso, los Poderes de la Unión-- el mandatario, el que obedece los mandatos de aquél, dados al travfés de la ciudadanía. Esa ciudadanía debe ser --es, en teoría-- plenaria y plenipotenciaria en términos reales. Esos vocablos, plenaria y plenipotenciaria, son axiales para comprender el desenlace comicial.
III
¿Cuál es la condición de plenaria y plenipoptenciaria? La de votar sin coacciones ni coerciones ni inducimientos, en un entorno ordinario, normal, que no existe hoy en México: éste es un país en guerra. Y la guerra, nominal y oficialmente descrita como acciones contra la entelequia "crimen organizado", es en realidad una campaña bélica del poder político panista-priísta del Estado contra la ciudadanía.
En esa guerra contra la ciudadanía se utiliza la herramienta de las Fuerzas Armadas, militares y civiles-militarizadas, en un estado de excepción no sólo inconstitucional, sino también anticonstitucional. Quienes votaron --el 44.81 por ciento del padrón-- no conforman en ningún sentido moral, ético, jurídico o numérico una representativiedad plenaria y plenipotenciaria de la ciudadanía ni de la población.
La razón es simple: el PRI recuperó una clientela tránsfuga, no necesariamente "dura", que en gran medida se había ido, en 2006, al PAN (y que se sumó a un decreciente "voto duro") y a Convergencia, que ahora perdió 12 curules. Con tal minoría electoral, los personeros priístas del poder político conformarán la Cámara de Diputados. Ese 44.81 por ciento del padrón aun cree en el sistema y no abreva en la esperanza de reformas ni de cambios, sino por el statu quo plúmbeo. Más de lo mismo. Hasta 2012.
domingo, 12 de julio de 2009
Asimetrías
Asimetrías
La Secuela del Voto
Por Fausto Fernández Ponte
"¿Cuántos votamos? Pocos. Pero los suficientes para que 500 políticos justifiquen su parasitismo chupasangre a costa de 110 millones de mexicanos".
Gonzalo Soto Vergel.
I Tras una inesperada e inevitable reclusión médico-hospitalaria en el extranjero, este escribidor debe a sus caros leyentes un ofrecimiento de disculpa, pues no fue posible sortear juntos los escollos interpretativos devenidos de la recreación del paisaje político-partidista (no más) devenido del proceso electoral del 5 de julio pasado. Nunca, empero, es tarde para entrar en esta materia.
Y la materia es recogida con exactitud en el epígrafe de la entrega de hoy por el caro leyente Soto Vergel, quien informa leernos en el diario Imagen, que se publica en la ciudad portuaria de Veracruz, y por el no menos caro leyente Jesús Eduardo Rabel, quien dícenos leer estos pergeños en el cotidiano El Mexicano, de Tijuana, B. C. A los leyentes Soto Vergel y Rabel se adhiere la igualmente cara lectora Carlina Figueroa Migueles, quien --informa-- léenos en Ecatepec de Morelos, Estado de México. Don Jesús Eduardo y doña Carlina coinciden con don Gonzalo.
"Ya sabíamos que ganaría el PRI", afirma ella. "Pero el PRI no es distinto del PAN, excepto en la forma, pues en el fondo sólo sirve a la élite que saquea a México". El leyente Rabel, por su parte, escribe: "El PRI conformó desde su fundación, en 1946 (al adoptar su denominación actual, de Revolucionario Institucional, se distanció filosófica e ideológicamente de sus predecesores históricos el de la Revolución Mexicana, cardenista, y el Nacional Revolucionario, callista) la celebrada práctica política de la simulación, adoptada hoy por el PAN y el PRD".
II Añade: "Se simula (la existencia de) una democracia. Se simula que hay justicia social, jurídica, económica y justicia a secas en todos sentidos, e incluso se simula que es por el bien de México y los mexicanos saquear al país, endeudar brutalmente a los mexicanos y sus descendientes hasta la del 2050 o más allá; se simulan (...) la opresión bajo la que vivimos (...) se simulan libertades que no tenemos". Una exégesis temprana --y, por ello, obvia-- del desenlace de la elección del 5 de julio pasado realizada para renovar la Cámara de Diputados, provee de elementos y componentes constitutivos de ciertos escenarios prospectivos --hasta el 2012-- posibles de reconfiguración reconstructiva del sistema político de antañona y supuesta infalibilidad.
Aclárese precisoriamente antes de proseguir con el tema que esa reconfiguración reconstructiva (cirugía plástica) no será, por razones cinceladas pedagógicamente por la experiencia histórica, de naturaleza estructural y superestructural --de fondo--, sino únicamente cosmética, de atuendo e incluso de lenguaje. El PRI, mayoría en la Cámara Baja y aliado al palero "verde", sólo hará cambios "para no cambiar" (Salinas dixit). Y de eso se trata: de simular cambios. Realizar cambios aparentes precisamente para no cambiar el sistema polítrico mexicano, fortalecerlo otra vez, aunque con una diferencia: mecanismos de control social establecidos por el PAN --como las reformas judiciales aprobadas por la Legislatura saliente, la LX, con el unánmime apoyo priísta-- para que el hampa (la mafia) de la política continúe su alegre y cínico, por impune, saqueo.
III Algunos de esos escenarios prospectivos posibles podrían caracterizarse bajo las modalidades siguientes:
1) La polarización política de las vertientes partidistas del poder político del Estado, ya que el PRI dominaría en la Cámara de Diputados, erigiéndose en contraparte --e incluso contra peso-- no sólo del Senado, sino del propio titular del Poder Ejecutivo, Felipe Calderón.
2) Como contrapeso potencial de ambos (Senado y Ejecutivo), el PRI privilegiará los intereses que representa, que abandera y que defiende que son, por definición, opuestos a los de la ciudadanía constitucionalmente plenaria que lo hizo ya mayoría en la LXI Legislatura.
3) Ello anticipa una lucha político-partidista entre el PRI y el PAN que podría traducirse, secuencialmente, en un entorno general nutrido por agentes de inestabilidad y vectores de ingobernabilidad y, ergo, mayor incertidumbre. Los que votaron --una minoría--, lo hicieron presumiblemente por a) aun creen en el sistema y b) buscan certidumbre.
4) En ese contexto, no sería sorprendente que la bancada priísta en la Cámara de Diputados iniciara acciones jurídico-legislativas reformistas, como las de revocación de mandato, con el único fin de presionar al señor Calderón bajo la amenaza de llevarlo a juicio político u obligarlo a renunciar o someterse a las exigencias partidistas del priísmo.
5) Si se realiza una reforma conducente a revocación del mandato, que es una propuesta de Manlio Fabio Beltrones enunciada hace unas semanas en San Luis Potosí, el fin perseguido no sería el de avanzar hacia la democracia, sino sólo para amenazar a don Felipe con la proverbial espada de Damocles.
6) El PRI posiciona, con su nueva mayoría en la Cámara de Diputados, a ciertos políticos locales cuya meta es la de producir candidatos a gubernaturas. Existen, desde luego, otros escenarios prospectivos posibles como secuela del desenlace electoral realizado la semana pasada para renovar la Cámara de Diputados. Pero ese tema será abordado aquí en entrega próxima.
Glosario: Callismo: Referente a Plutarco Elías Calles, fundador del PNR. Cardenismo: Relativo o referente a Lázaro Cárdenas del Río, fundador del PRM. Dixit: Relativo a, alusivo a, reminiscente a. Infalibilidad: De Infalible. Pergeños: Escritos, textos, trazas, disposición.
La Secuela del Voto
Por Fausto Fernández Ponte
"¿Cuántos votamos? Pocos. Pero los suficientes para que 500 políticos justifiquen su parasitismo chupasangre a costa de 110 millones de mexicanos".
Gonzalo Soto Vergel.
I Tras una inesperada e inevitable reclusión médico-hospitalaria en el extranjero, este escribidor debe a sus caros leyentes un ofrecimiento de disculpa, pues no fue posible sortear juntos los escollos interpretativos devenidos de la recreación del paisaje político-partidista (no más) devenido del proceso electoral del 5 de julio pasado. Nunca, empero, es tarde para entrar en esta materia.
Y la materia es recogida con exactitud en el epígrafe de la entrega de hoy por el caro leyente Soto Vergel, quien informa leernos en el diario Imagen, que se publica en la ciudad portuaria de Veracruz, y por el no menos caro leyente Jesús Eduardo Rabel, quien dícenos leer estos pergeños en el cotidiano El Mexicano, de Tijuana, B. C. A los leyentes Soto Vergel y Rabel se adhiere la igualmente cara lectora Carlina Figueroa Migueles, quien --informa-- léenos en Ecatepec de Morelos, Estado de México. Don Jesús Eduardo y doña Carlina coinciden con don Gonzalo.
"Ya sabíamos que ganaría el PRI", afirma ella. "Pero el PRI no es distinto del PAN, excepto en la forma, pues en el fondo sólo sirve a la élite que saquea a México". El leyente Rabel, por su parte, escribe: "El PRI conformó desde su fundación, en 1946 (al adoptar su denominación actual, de Revolucionario Institucional, se distanció filosófica e ideológicamente de sus predecesores históricos el de la Revolución Mexicana, cardenista, y el Nacional Revolucionario, callista) la celebrada práctica política de la simulación, adoptada hoy por el PAN y el PRD".
II Añade: "Se simula (la existencia de) una democracia. Se simula que hay justicia social, jurídica, económica y justicia a secas en todos sentidos, e incluso se simula que es por el bien de México y los mexicanos saquear al país, endeudar brutalmente a los mexicanos y sus descendientes hasta la del 2050 o más allá; se simulan (...) la opresión bajo la que vivimos (...) se simulan libertades que no tenemos". Una exégesis temprana --y, por ello, obvia-- del desenlace de la elección del 5 de julio pasado realizada para renovar la Cámara de Diputados, provee de elementos y componentes constitutivos de ciertos escenarios prospectivos --hasta el 2012-- posibles de reconfiguración reconstructiva del sistema político de antañona y supuesta infalibilidad.
Aclárese precisoriamente antes de proseguir con el tema que esa reconfiguración reconstructiva (cirugía plástica) no será, por razones cinceladas pedagógicamente por la experiencia histórica, de naturaleza estructural y superestructural --de fondo--, sino únicamente cosmética, de atuendo e incluso de lenguaje. El PRI, mayoría en la Cámara Baja y aliado al palero "verde", sólo hará cambios "para no cambiar" (Salinas dixit). Y de eso se trata: de simular cambios. Realizar cambios aparentes precisamente para no cambiar el sistema polítrico mexicano, fortalecerlo otra vez, aunque con una diferencia: mecanismos de control social establecidos por el PAN --como las reformas judiciales aprobadas por la Legislatura saliente, la LX, con el unánmime apoyo priísta-- para que el hampa (la mafia) de la política continúe su alegre y cínico, por impune, saqueo.
III Algunos de esos escenarios prospectivos posibles podrían caracterizarse bajo las modalidades siguientes:
1) La polarización política de las vertientes partidistas del poder político del Estado, ya que el PRI dominaría en la Cámara de Diputados, erigiéndose en contraparte --e incluso contra peso-- no sólo del Senado, sino del propio titular del Poder Ejecutivo, Felipe Calderón.
2) Como contrapeso potencial de ambos (Senado y Ejecutivo), el PRI privilegiará los intereses que representa, que abandera y que defiende que son, por definición, opuestos a los de la ciudadanía constitucionalmente plenaria que lo hizo ya mayoría en la LXI Legislatura.
3) Ello anticipa una lucha político-partidista entre el PRI y el PAN que podría traducirse, secuencialmente, en un entorno general nutrido por agentes de inestabilidad y vectores de ingobernabilidad y, ergo, mayor incertidumbre. Los que votaron --una minoría--, lo hicieron presumiblemente por a) aun creen en el sistema y b) buscan certidumbre.
4) En ese contexto, no sería sorprendente que la bancada priísta en la Cámara de Diputados iniciara acciones jurídico-legislativas reformistas, como las de revocación de mandato, con el único fin de presionar al señor Calderón bajo la amenaza de llevarlo a juicio político u obligarlo a renunciar o someterse a las exigencias partidistas del priísmo.
5) Si se realiza una reforma conducente a revocación del mandato, que es una propuesta de Manlio Fabio Beltrones enunciada hace unas semanas en San Luis Potosí, el fin perseguido no sería el de avanzar hacia la democracia, sino sólo para amenazar a don Felipe con la proverbial espada de Damocles.
6) El PRI posiciona, con su nueva mayoría en la Cámara de Diputados, a ciertos políticos locales cuya meta es la de producir candidatos a gubernaturas. Existen, desde luego, otros escenarios prospectivos posibles como secuela del desenlace electoral realizado la semana pasada para renovar la Cámara de Diputados. Pero ese tema será abordado aquí en entrega próxima.
Glosario: Callismo: Referente a Plutarco Elías Calles, fundador del PNR. Cardenismo: Relativo o referente a Lázaro Cárdenas del Río, fundador del PRM. Dixit: Relativo a, alusivo a, reminiscente a. Infalibilidad: De Infalible. Pergeños: Escritos, textos, trazas, disposición.
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