jueves, 4 de febrero de 2010

La Constitución el DEMÓCRATA Asimetrías. Fausto Fernández Ponte

el DEMÓCRATA Asimetrías. La Constitución. Fausto Fernández Ponte


“¡Al diablo con las instituciones!”.
Andrés Manuel López Obrador.


I

A propósito del anivesario nonagésimo tercero de la promulgación de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, no serían pocos los connacionales que piensan que aquella es conculcada y violado por el poder político del Estado.

Esa conculcación y violación es expresión de una cultura del poder que utiliza el Texto Fundamental sólo un enser de simulación de un estado de derecho que exprésase a todas luces incongruente. Las instituciones son ignoradas, si no burladas adrede.

Hágase la salvedad de que la Constitución vigente no es la misma que se promulgó en 1917. La Carta Magna mexicana ha sufrido, desde entonces, casi 700 modificaciones, la mayoría de ellas inspiradas en móviles políticos facciosos y ajenos al interés social.

Carlos Salinas, por citar un caso emblemático, promovió y logró durante su presidencialados tantas modificaciones que destruyó el espíritu y, ni se diga, la letra de la Constitución, para adecuarla al proyecto político propio y de Estados Unidos.

Ese proyecto político, sábese bien entre los mexicanos nacionalistas de vanguardia, tiene su epítome en el llamado Consenso de Washington, por el cual el imperialismo geoeconómico y político de EU se anexó, de hecho, a México. Provincia de EU.

II

Esa anexión de hecho –que no de derecho— es un sucedido factual y, por tanto, conforma un verismo insoslayable aun para aquellos que, por inconsciencia acerca de la realidad, no han registrarlo ni discernido objetivamente ésa aplastante realidad.

Y es que bajo cualesquier definiciones, México es un protectorado estadunidense, gobernado –en el caso, cabría decir desgobernado— por autoridades propias elegidas mediante esquemas de simulación y manipulación de los medios de control social. .

Así asumió el señor Salinas el poder: la “caída” del sistema de cómputo de votos obedeció a esos imperativos, por lo cual las ciencias políticas identifican dicha asunción como un golpe de Estado técnico. Se insertó en la historia como un golpista.

Y así asumió Felipe Calderón la investidura presidencial espuria. El dictamen del Tribunal Electoral que lo ungió se inspiró no en la primacía constitucional, sino en la de códigos secundarios, desestimando evidencias claras de irregularidades premeditadas.

Es más, el Tribunal formuló y emitió en ese dictamen juicios de valor extraños a la lógica y el sentido común, usurpando incluso potestades de legislador al resolver que contar voto por voto y anular la elección “perjudicaría” al pueblo.

III

Del Consenso de Washington, abrazado en 1989 con entusiasmo digno de mejor causa por el tristemente célebre señor Salinas como Presidente de la República, devino el instrumento axial mayor de dominación del imperialismo estadunidense: el TLCAN.

Así fue. La historia consigna que el Tratado de Libre Comercio de la América del Norte fue negociado por el señor Salinas y vigente desde 1994 tras violar flagrantemente 36 artículos de la Constitución. Don Carlos hizo modificar ésta.

El articulado constitucional impedía, antes de su modificación por el señor Salinas, al Estado mexicano adherirse a tratados bilaterales o trilaterales e incluso multilaterales para pignorar la soberanía nacional a intereses privados, trasnacionales, de otros Estados, en el caso el estadunidense.

Y aunque la Carta Magna, antes de las modificaciones del salinismo, no establecía una forma de organización económica tajantemente social, sí creaba instituciones orientadas a satisfacer necesidades societales en el contexto del capitalismo. Ha sido modificado.

¿Consecuencia? La Constitución es letra muerta como norma prescriptiva primordial. En la práctica ha sido despojado de su primacía aun para el poder político del Estado y aun para quienes imparten justicia, inspirados en códigos secundarios.

el DEMÓCRATA Asimetrías Realismo Mexicano Fausto Fernández Ponte

el Demócrata Asimetrías Fausto Fernández Ponte
Realismo Mexicano
Por Fausto Fernández Ponte

“El impacto de la crisis fue modesto; habrán estabilidad y empleo”.
Agustín Carstens,
“Doctor Catarrito”.


I
El realismo mágico, como bien sabríalo el leyente informado, es una corriente de arte que distingue a la literatura de Nuestra América –la indo, afro e hispana-- , algunos de cuyos oficiantes emblemáticos principales son las novelas de Gabriel García Márquez y Juan Rulfo, entre otros.
Empero, antes que ellos, oficiante mayor de ésta corriente literaria –que no es un género ni un estilo, aclárese— fue Rómulo Gallegos. Algunos estudiosos atribuyen a éste escritor venezolano, autor de “Doña Bárbara”, la paternidad de la corriente.
Pero otros oficiantes son Carlos Fuentes, Julio Cortázar, Mario Vargas Llosa, Arturo Uslar Pietri, José de la Cuadra, Pablo Palacio e incluso, en cierta medida, Laura Esquivel y hasta Alejo Carpentier, quienes conforman corrientes similares e incluso entreveradas y traslapadas.
En el arte –sobre todo el de la plástica— y en la literatura el concepto de realismo mágico fue acuñado por el crítico alemán Franz Roh al describir una pintura que registraba una realidad alterada, práctica en la que incurren muchos otros pintores.
II
El realismo mágico altera la realidad recreándola, para darle desenlace a su dialéctica con arreglo a la voluntad y el deseo del escritor. Un autor registra una realidad dada, la describe y luego altera sus causales, sus vectores y dialéctica y la resuelve encauzándola según motivos.
En ello dos vectores importantes representan un papel decisorio: la tecnología y la superstición. A diferencia de las corrientes nihilistas, el realismo mágico se resuelve en función de lo que los personajes registran la realidad como quieren –o anhelan—que sea, no como es.
¿Es así la política en México y, diríase, en casi todo el mundo? Sí. Pero en México ello se lleva a extremos. El poder político registra una realidad como quiere que ésta sea y actpúa en cionsecuencia. De allí el aserto del señor Carstens, tan ajeno a la realidad.
Pero alterar la realidad ficcional –válgase la contradicción— de un cuento o una novela, que son obras de imaginación aunque sus basamentos sean los verismos cotidianos y sus tramas sean un desarrollo supuesto de conductas y situaciones, es parte de la idiosincrasia del poder.
III
Y específicamente, la idiosincrasia del poder político del Estado mexicano, cuyos personeros –panistas, priístas, perredistas, etc.-- expresan sus pensamientos con palabras utilizadas en por lo menos dos planos de conjugaciones verbales propias del realismo mágico.
En México ello es inequívocamente cierto, como lo confirma el aserto del señor Carstens, gobernador del Banco de México, quien habló en Madrid acerca de la economía mexicana, la cual describió con adjetivos e hipérbole rayana en la franca mentira.
Don Agustín usó tiempos verbales del pasado y el futuro, pero, no sin intención obvia, evitó conjugar en tiempo presente: “El impacto de la crisis fue modesto”. Mediante ese estilo verbal, da a entender que la crisis ya es cosa del pasado y que sus consecuencias fueron modestas.
“Habrán estabilidad y empleo”. Habla, pues, éste individuo en futuro, como si fuere un pitoniso. Al afirmar que el impacto de la crisis “fue modesto”, ignora dos hechos objetivos: uno, que la crisis no “fue”, sino que “es”. Y otro, que si el desempleo es “efecto modesto”, ese señor está demente.

el DEMÓCRATA Asimetrías "El modelo estúpido" Fausto Fernández Ponte

el DEMÓCRATA. Fausto Fernández Ponte. Asimetrías
El “Modelo Estúpido”
Por Fausto Fernández Ponte


“En México opera un modelo estúpido. O le entramos (los) municipios o nos carga La Fregada”.
Mauricio Fernández Garza.

I
El autor del aserto consignado enel epígrafe, polémico alcalde de Garza García, N. L., considerada la circunscripcuión municipal de mayor ingreso per cápita de México, es uno de los “hombres de pro” de alto perfil como militante del Partido Acción Nacional extramuros la capital.
Y desde el antaño no muy reciente, don Mauricio nutre su perfil político en una alfaguara de la discrepancia y la heterodoxia ideológica y política en el fondo y el estilo del ejercicio del poder político. Así se le conoce en los cenáculos y los cotos baratarios del panismo.
Como político de ocupación --viene de familias de empresarios pudientes-- , éste personaje es, diriase en jerga eufemística, “su propio dueño” o “propietario de sí mismo”. Y, como tal, su cosmovisión contrasta a rajatabla con el tartufo y corrupto oportunismo prevaleciente en el PAN.
Empero, ello no cancela ni atenúa el conservadurismo de clase de éste personero del poder político, aunque sus decires claridosos molestan al Presidente de Facto Felipe Calderón, adalid de un espuriato que exhibe una esquizofrenia aguda y, por ello, peligrosísima para los mexicanos.
II
A resultas de esa patología que antójase terminal, vivimos la aceleración virulenta del proceso de descomposición del poder político del Estado mexicano iniciada en 1982 con la asunción de Miguel de la Madrid a la jefatura como poderdatario tlatóanico sexernal.
Entre ese hito y el presidencialado fraudulento del señor Calderón, el proceso de descomposición del poder político se situó en un “continuum” inercial de degradación que, como un “tsunami”, adquiere ímpetu y arrasa con todo, creando una nueva realidad, una de anarquía y caos.
Y en esa estamos. Históricamente el conservadurismo mexicano ha sido centralista, aunque el liberalismo juarista y, luego, el porfiriato y, más tarde, en la fase revolucionaria y la priísta (desde 1946) también ha exhibiendo una vocación de control central de estados y municipios.
El centralismo calderonista,empero, no las tiene todas consigo. Enfrenta gobernadores que, en la cultura del tlatonismo intolerante, autoritario y arbitrario, son señores de horca y cuchillo en las entidades federativas sobre olas que mandan y nopocas veces desgobiernan.
III
Pero son los municipios los damnificados mayores del centralismo federal y de segunda mano --el de los gobernadores--, pues siendo, por lo menos en el plano teórico constitucional, la expresión del poder político del Estado más cercana al pueblo, no son realmente libres ni autónomos.
El municipio debe ser, como implica el alcalde de Garza García, una entidad central en el modelo económico y político prevaleciente o nos llevartá “La fregada” aun más lejos. El municipio deviene, prospectivamente, en clave para resolver el problema creado por el “modelo estúpido”.
El atributo estúpido de ese modelo se nos muestra como inviable, por ser acusadamente antisocial e incluso criminógeno. En los hechos el poder político percibe a al pueblo – elemento constitutivo principal del Estado— como enemigo y, así, aplica ese modelo para agredirlo y agraviarlo.
Si un ayuntamiento pudiere, con arreglo a potestades constitucionales, crear una forma de organización económica local y solidaria, con el ayuntamiento como rector activo de dicha economía, se iniciaría una revolución social. Pero la demencia del poder político lo impide.

Asimetrías Mexicanos en Irak y Afganistan (2/2) Fausto Fernández Ponte

el DEMÓCRATA Asimetrías Fausto Fernández Ponte
Mexicanos en Irak y Afganistán (2/2)
Por Fausto Fernández Ponte

“Para poder salir Méxicotuve que vender mi alma al mero diablo”.
Francisco Rojas Mexicano,
migrante mexicano en EU.

I
En “La carroza negra de Bush: soldados mexicanos en Irak y Afganistán”, del colega Federico Campbell Peña, se consigna un dato que exige hermenéutica fiel: aumentan los reclutas de origen y/o ascendencia indo-afro-ibérica ---de Nuestra América, pues—y caen los afroestadunidenses.
Sábese, por otra parte, que de los “latinos” –denominación obviamente inapropiada, al igual que la de “hispanos” y “americanos” para identificar a estadunidenses-- reclutados, el grueso es de aquellos de origen y/o ascendencia mexicana, lo cual indicaría objetivamente lo que sigue:
Uno, que existe una tendencia creciente a que los mexicanos libren bajo la proverbial guisa de carne de cañon las guerras de agresión y rapiña del imperialismo económico, político y cultural (artístico, científico y tecnológico, etc.) estadunidense en las cuatro esquinas del planeta.
Y, otro, que serían mexicanos quienes combatarían a sus hermanos de Nuestra América en las previsibles guerras que el imperialismo estadunidense contempla y se apresta librar doquiera en el subcontinente americano, desde México y el Caribe hasta la Patagonia.
II
De hecho, cabría abundar, los prolegómenos de esas guerras de agresión y rapiña del imperialismo estadunidense en agravio de los Estados americanos son ya documentadamente discernibles, en particular contra Nicaragua, Venezuela, Ecuador y Bolivia.
Contra Cuba, la guerra del imperialismo pronto alcanzará el medio siglo de haber sido iniciada en pos del objetivo estratégico el de mantener a aquél país en permanente desestabilización y aislamiento económico, político y cultural respecto al mundo. La heroicidad cubana es ejemplar.
Quizá, con arreglo a escenarios prospectivos posibles, serían mexicanos reclutados por las fuerzas armadas estadunidenses quienes combatan como ejércitos invasores u ocupantes a sus propios connacionales en nuestro mero territorio. De hecho, ya lo hacen vestidos de civil.
Cierto. Según datos oficiales del gobierno de EU, a México han sido asignados unos mil 200 militares estadunidenses que realizan como civiles diversas tareas de seguridad y conexas. La cifra incluye a los agentes contratados bajo la figura de “out sourcing” por empresas privadas gringas.
III
El fenómeno descrito con riqueza documental por el periodista Campbell Peña en el libro de su autoría tiene un telón de fondo trágico: los mexicanos, cuya suma es el recurso más valioso del país, se ven forzados a emigrar a EU para vender su fuerza de trabajo a un patrón militar.
Esa venta desesperada de fuerza de trabajo es una sangría colosal. Los mexicanos emigran empujados por la desesperanza; ésta es el atributo más dramático del proletariado inserto en la realidad del lumpenproletariado. La opción es morir de inanición o delinquir sumándose al narco.
Ello es particularmente evidente en los estratos sociales conformados por jóvenes, lo cual agudiza no sin espectacularidad esa sajadura sangrante. El Estado –cuyo elemento constitutivo principal es el pueblo mismo-- promueve con sus políticas ese fenómeno de flebotomía social aguda.
Ese es un indicio del carácter fallido del Estado mexicano, cuyo poder político corrupto protege el interés de una forma de organización económica criminógena, por antisocial. Un Estado así debe desaparecer y ser sustituido por uno humanista, social, percepción que parece crecer día a día
.

el DEMÓCRATA Asimetrías Fausto Fernández Ponte

el ademócrata Asimetrías Fausto Fernández Ponte
Asimetrías
Mexicanos en Irak y Afganistán (1/2)
Por Fausto Fernández Ponte


“Los soldados del Imperio son mercenarios multinacionales. Sólo los generales son romanos”.
Flavio Josefo.


I
Éste célebre historiador de los últimos siglos del milenio anterior al primero de Nuestra Era se refería, desde luego, a las legiones del césar que combatían en el Medio Orienta. Roma reclutaba mediante leva a jóvenes de los territorios conquistados doquiera para combatir por ella.
Otros historiadores más antiguos, anónimos muchos de ellos, seguramente habrían consignado que todos los imperios han engrosado sus ejércitos con soldados de los países conquistados en el mundo conocido de aquél entonces.
Y después de Roma, los imperios europeos, fedatariamente más globales que el romano --Inglaterra, España, Portugal, Países Bajos, Francia, etc.-- han tenido ejércitos conformados por individuos de los ámbitos sometidos. Francia tiene aun su Legión Extran jera; Albión a sus gurkas.
Los Estados Unidos de América, el imperio más global históricamente, han tenido, como Estado Federal asentado en el norte de nuestro continente, extranjeros en sus fuerzas armadas. Howard Zinn consigna en “La otra historia de EU” la existencia de batallones de alemanes, irlandeses, etc.
II
El Estado estadunidense –que es la guisa formal, jurídica, del imperio-- tiene elementos de sus cuatro armas dispersos por el mundo, en cientos de bases militares de toda laya y naturaleza. En Colombia está construyendo a toda prisa siete bases. Dos de ellas, sábese, colosales.
Así, con soldados en más de la tercera parte de los países con los que mantiene relaciones diplomáticas –las excepciones son notorias--, el Estado estadunidense fortalece disuasivamente su influencia económica y política sobre esos Estados anfitriones.
Empero, en algunos de esos países, como México, la presencia militar estadunidense es advertida sólo mediante agentes civiles de sus propias fuerzas coactivas/coercitivas. En México hay cientos, si no es que miles, de policías y espías estadunidenses.
La lógica estadunidense con respecto a México tiene por premisas mayores los imperativos de la seguridad nacional del país vecino y, ergo, el trato bilateral se conduce desde varios planos, siendo el principal el de que la relación con nuestro país es un asunto doméstico de EU.
Es decir, un asunto de política interna, no exterior, del Estado estadunidense. Ello se traduce, en los hechos, en una realidad ominosa: México es una provincia económica y virtualmente política de EU. En la práctica, somos un país anexado, un protectorado sui generis., con mandatario títere.
III
Y si antes eran europeos los que luchaban en las guerras del expansionismo geopolítico estadunidense y la de secesión del siglo XIX –hacia el oeste y el sur, despojando a México de más de la mitad de su territorio--, hoy son los mexicanos los que luchan en las guerras del imperio.
Ésto nos lleva al libro de Federico Campbell Peña, intitulado “La carroza negra de Bush: soldados mexicanos en Irak y Afganistán”, que ya se encuentra en librerías do las haya. Ésta obra, de talante modesto, es un documento acuciosamente elaborado.
Campbell Peña, quien es periodista de televisión (Canal 11) especializado en asuntos internacionales y activista a favor de la defensa de los derechos humanos y contra las injusticias sociales, ha tratado el tema de los mexicanos en Irak y Afganistán en sus trabajos televisivos.
En éste libro—su primero--, el colega Campbell Peña ha realizado un prodigioso esfuerzo de investigación sistemática afín al reporterismo periodístico de muy alta profesionalidad. Sus fuentes son públicas, accesibles a quienes quieran ahondar en el tema.

lunes, 25 de enero de 2010

Fausto Fernández Ponte

Fausto Fernández Ponte
Asimetrías

Cruce de Caminos

Por Fausto Fernández Ponte

”Los políticos nos han traicionado”.
Gonzalo Tablada.

I
Que los personeros del poder político del Estado mexicano en los ámbitos federal y locales e incluso municipales han traicionado a la ciudadanía --que, por lo menos en lo formal, los ha elegido-- es percepción que no escapa de su propio verismo.

Dígase de otro estilo que esos personeros –panistas, priístas, perredistas, etc.— ejercen el poder para perpetuar un statu quo de opresión que nos damnifica cada vez más y sella las espitas por las que escaparían, si acaso, las presiones societales.

Visto así, eso es traición. La opresión es dramáticamente trágica y, por ende, lacera el alma nacional, haciéndola sangrar con profusión y, como secuela inevitable, debilitando nuestro alcance cognitivo y nuestrfos albedríos societales.

La opresión adquiere sus visos veros cuando el oprimido no registra ni discierne ni mucho menos identifica el verismo de su propia condición opresa. Por ello, su conciencia yace subsumida y es, así, ajena a la noción mera de desasirse de la opresión.

La opresión tiene los rostros de un carnaval macabro. Simulas. Y reprime.


II
Por ajena a la conciencia del cuerpo societal, esa noción se representa en parálisis que, en el caso de los pueblos de México, es evidente. Esa perlesía social es insoslayable a la perspicacia de aquellos connacionales con conciencia despierta.

Ello nos habla de la eficacia de los mecanismos o medios de control social o, a fuer de precisos, de los personeros del poder político del Estado mexicano. Esos personeros cincelan, mediante metodologías milenarias probadas, la idiosinsacrasia del mexicano.

Esa idiosincrasia contribuye decisivamente al inmovilismo. Nuestra idiosincrasia nos conduce a la pasividad estoica y a la aceptación paciente de una realidad que se nos oferta como predetermina y, por lo mismo, inmutable.

Así, un crimen de Estado como el asesinato de 49 niños en la guardería ABC, del IMSS, subrogada por el poder político panista a particulares amigos y parientes de los “hombres de pro” no nos conmueve ni mueve a la acción. Indiferencia. Parálisis, pues.

Para cerciorarse de que la parálisis continúe, allí está pronta la disuación militar.

III
Los “hombres de pro” –desde el Presidente de la República, sus secretarios, legisladores, procurantes e impartidores de justicia, gobernadores, alcaldes, etc.—verifican que nuestra indiferencia se traduzca en anuencia implícita a sus crímenes.

Por esa acera deambulamos. Las fuerzas que esculpen y burilan nuestra idiosincrasia son constantes, reiterativas, fomentadoras de la ignorancia (y los prejuicios, supersticiones y supercherías) y la ubícua y omnipresente pobreza.

La ignorancia –la media nacional de escolaridad es patéticamente baja— y la pobreza son administradas, regenteadas y manejadas como un recurso estratégico de control social. La ignorancia y la pobreza nos hace vulnerables y, por ende, dependientes.

Y lo que suponemos parálisis del poder político panista, priísta, perredista, etc., del Estado es, en realidad, descomposición. A mayor descomposición, uso intensivo, más amplio, desesperado incluso, de los mecanismos de control social.



Asimetrías

La Parálisis y sus Causas

Por Fausto Fernández Ponte

“Si algo sobresale en la crisis mexicana es la parálisis”.
David Ibarra ;Muñoz.



I
La afirmación del señor Ibarra, quien fue secretario del despacho de Hacienda y Crédito Público durante el presidencialado de José López Portillo (1976-1982), ofrece un diagnóstico que, a la luz de nuestra realidad, es acertado con largueza.

Estamos, pues, en las zarpas de la parálisis. inmóvil está el poder político panista y priísta y, desde luego, perredista del Estado mexicano. E impedidas están las densas mayorías de los pueblos de México, el principal elemento constitutivo de aquél.

Y, como consecuencia, paralizados están los otros elementos constitutivos del Estado mexicano, la soberanía y el territorio, aquella sin alcance sobre éste, como nos lo confirma la cotidianidad dramática de la llamada “guerra” al “narco”.

Esa parálisis antójase perversa: presenciamos la debacle económica y la descomposición del poder político del Estado e incluso la de vastos estamentos de los pueblos de México y, así, no movemos un dedo para enfrentar la perlesía y el torpor.

¿Qué toxinas nos paralizan? Las siguientes: nuestra propia idiosincrasia, por un lado; la ignorancia y la pobreza, por otro. Pero esas toxinas no son espontáneas ni vienen de la nada, convocadas por los manes del determinismo histórico. No.

II
Y no, reiteraríamos. Esas toxinas que paralizan a los cuerpos político y societal y mantienen a éstos en la tristísima condición de baldadura y anquilosis tienen, a su vez, causales que la historia y otras han identificado con claridad meridiana.

¿Cuáles son esas causales? El economista Ibarra nos lo dijo al iniciar hace días la celebración de su novena década de vida: “El mercado sin un Estado orientador, regulador y mediador poco o nada resuelve de las debacles económica y política”.

Mas don David pecó de cortedad en su diagnóstico, pues aludió sólo a la vena panista del poder político del Estado --la que tiene el control, por lo menos en lo coactivo, del gobierno— e implícitamente habría exonerado de contriciones o mea culpa al priísmo.

Las toxinas de la idiosincrasia, la ignorancia y la pobreza son consecuencia directa y con lacerantes manifestaciones --no pocas de éstas trágicas-- de la acción diseñada al detalle de poderes que son y que están muy actuantes y, ergo, vigentes.

¿Cuáles son esos poderes? Para responder cabría incurrir en una precisión pertinente: la idiosincrasia es un atributo adquirido de un individuo o una comunidad, fuere cual fuere. No se nace con ella; ésta se va cincelando en el decurso histórico de los pueblos.

III
La ignorancia y la pobreza son, desde cualesquier perspectivas –las experienciales, el materialismo histórico y la dialéctica de la sociedad-- no son fiat de fuerzas monoteístas creadas por el mismo imaginario social para paliar legítimas necesidades espirituales.

Pero identificar las causales de esa parálisis y sus vectores –idiosincrasia, ignorancia y pobreza— es tarea circular y viciosa, pues devendría dicha identificación del sacudimiento del sopor societal y toma de conciencia. Ello equivale a liberarse.

No en vano Andrés Manuel López Obrador –cercado por los poderes fácticos de México, los locales y los que tienen sedes en Washington, El Vaticano, Madrid, Londres y Ottawa--, alude con frecuencia a una verdad que para muchos es subversiva.

Dice AMLO: “El cambio no se va a dar de arriba hacia abajo. La ciudadanía ya debe dejar de pensar en que la clase política y los funcionarios van a mejorar las cosas”. Los indios zapatistas hablan de ir “hacia abajo y por la izquierda”. Bolivia pone el ejemplo.

El cambio –iniciado en 1810 y reactivado en 1910, está inconcluso, por más que nos digan lo contrario a propósito de los centenarios— tiene que ser primero en las conciencias, cuando nos demos cuenta qué y quiénes nos causa nuestra paraplejía.